top of page

TRIANA

EL PATIO

Año de publicación: 1975

Puntuación:

Puntuación:

1) Abre la puerta; 2) Sé de un lugar; 3) Todo es de color; 4) Luminosa mañana; 5) Diálogo; 6) En el lago; 7) Recuerdos de una noche (Bulerías 5x8).

triana 1.png

Como sabemos, el origen del rock progresivo se data en 1969, aunque grupos como The Nice habían puesto los cimientos un año antes. Es sorprendente, por tanto, que el genio de la guitarra flamenca Sabicas hubiera grabado en 1966 junto a un joven Joe Beck un álbum de fusión entre el jazz y el flamenco que bien pudiera haberse etiquetado como progresivo, sobre todo porque no sería publicado hasta 1970 bajo el título de Rock Encounter, probablemente para aprovechar el tirón comercial de lo que era una de las modas del momento. Ese punto de partida sirve para trazar la génesis del llamado rock andaluz, donde Triana fue el mayor exponente. Su formación fue de trío, con el gran Jesús de la Rosa como teclista, cantante y principal compositor, más aparte el baterista Tele y Eduardo Rodríguez con la guitarra española. En el estudio se apoyaron en un bajista externo y para la guitarra eléctrica nada menos que con Antonio García de Diego, quien años después se convertiría en colaborador habitual de Joaquín Sabina. Estos dos músicos adicionales incrementaron notablemente el nivel, consiguiendo así una sensacional obra que ha quedado entre lo mejor que se haya hecho en España en cuanto al rock progresivo autóctono.

 

Triana se proponen asombrar al oyente desde el principio y lo consiguen. Casi de banda sonora del far-west parece la introducción de guitarra de ‘Abre la puerta’, la primera joya que encontramos en este impresionante álbum. A partir de los dos minutos entra la parte vocal y llega una memorable melodía de teclado donde luego se apoya el estribillo (“Abre la puerta niña / Que el día va a comenzar”). Ya sobre los seis minutos llegamos a una relajada sección donde se crea un celestial entramado instrumental junto a algunos coros etéreos, hasta que se llega a otra sección flamenca ideal para un zapateado. Pero el tramo final de éxtasis con la guitarra eléctrica en primer plano nos devuelve al mundo del rock de una manera esplendorosa. Tal sería la tecnología de la que dispusieron en el estudio que hasta escuchamos un sintetizador Moog, verdadera pila bautismal para todo grupo de rock progresivo con ambición.

 

Una de las canciones más conocidas de Triana es ‘Sé de un lugar’, que en este caso comienza con la expresiva voz de Jesús, quien se deja el teclado por un rato para dedicarse el primer minuto a cantar acompañado de la percusión de Tele y la guitarra española. Luego ya entra la sección rítmica en sí para convertir la pieza en todo un canto épico. Aquí no acaba lo bueno, sino que pasados los dos minutos llegamos a una sensacional sección instrumental que transita por diferentes estados de ánimo, con una parte intermedia más contemplativa (ecos, nunca mejor dicho, de los Pink Floyd de ‘Echoes’), hasta el retorno de la memorable parte vocal. No menos grandiosa resulta ‘En el lago’, de solemne introducción y una emotiva parte vocal con un soberbio acompañamiento instrumental donde vuelve a brillar el teclado de Jesús. En la recta final, De la Rosa suena muy devoto del teclado de Rick Wright de Pink Floyd, aunque sorprende más esa breve pero electrizante coda donde todo se acelera y magnifica hasta altas cotas del rock.

 

‘Luminosa mañana’ es más convencional, tanto que la coda es una guitarra flamenca casi amateur, y únicamente puede destacarse por los teclados, órganos y sintetizadores que condensan el sonido. Ni siquiera eso tiene de original ‘Todo es color’, que parece un simple relleno en comparación con el resto del álbum, más elaborado, delatando que es la única composición cuya autoría no es de Jesús de la Rosa. De manera análoga, tras haber escuchado todo lo que hay anteriormente, cuando llega ‘Diálogo’ ya impacta menos, pero es quizá el tema más flamenco de todo el disco sin perder por ello su catalogación como rock progresivo, por supuesto. En cualquier caso, todo se arregla colocando al final ‘Recuerdos de una noche (Bulerías 5x8)’, si bien en la edición original del álbum la última canción era ‘Todo es color’. Y decimos que todo se arregla porque ‘Recuerdos de una noche’ es eso mismo, la magistral adaptación de una bulería al lenguaje del rock progresivo, manteniendo todo el sentimiento del cante flamenco (incluidas algunas palmas) y añadiendo más detalles instrumentales de los que engrandecen este álbum y lo convierten en uno de los mejores debuts de la historia del rock español, si es que no es el mejor.

 

Triana representa lo que se necesita en España para resultar relevantes en el panorama musical del rock, esto es, saber adaptar la tradición musical propia con el mundo del rock para encontrar un lenguaje original y propio, porque lo habitual en nuestro país es limitarse a imitar lo mismo que nos llega de otros países. Solo hay que recordar otro ejemplo de la grandeza a la que se llega cuando se miran también las propias raíces: si juntamos el rock progresivo con un rey del flamenco (Camarón de la Isla) y un rey de la poesía (Federico García Lorca), nos sale la composición ‘La leyenda del tiempo’, de 1979. Por tanto, le debe a su vez mucho a Triana.

HIJOS DEL AGOBIO

Año de publicación: 1977

Puntuación:

1) Hijos del agobio; 2) Rumor; 3) Sentimiento de amor; 4) Recuerdos de Triana;

5) ¡Ya está bien!; 6) Necesito; 7) Sr. Troncoso; 8) Del crepúsculo lento nacerá el rocío.

triana 2.png

Las ventas del álbum de debut fueron muy discretas, pero eso no impidió que Triana continuara su andadura con una nueva obra en la cual el trío original con de la Rosa, Rodríguez y Tele seguía acompañado de algunos músicos de sesión, donde vuelve a destacar la guitarra eléctrica de Antonio García de Diego. Tenemos así una segunda entrega de fusión entre rock progresivo y flamenco, aquí con una pequeña excepción como novedad.

 

El comienzo mediante la solemne ‘Hijos del Agobio’ transmite una suerte de continuidad respecto al álbum de debut. En ella Jesús de la Rosa demuestra el dominio que había adquirido con los teclados, especialmente con el sintetizador Moog, al crear unas capas de sonido que todavía se ven mejoradas con la parte de guitarra de García de Diego, pues añade algunas memorables líneas de guitarra de las que llegan muy adentro. Esto sí que es haber aprendido bien la lección de los mejores ELP, aunque Emerson pocas veces empleó el Moog con sentido melódico y sí más circense. En cuanto a la letra, podría hacerse alguna conexión entre esos “Hijos del agobio y del dolor” con la dictadura franquista (entonces agonizante aunque Franco ya estuviera muerto), si bien el rock progresivo se ha caracterizado normalmente por abstraerse sociológicamente y evadirse hacia terrenos fantásticos o idealizados. Cabe destacar los finales de estrofa, de gran emotividad, como por ejemplo el primero que encontramos: “Que hay que recorrer / Que hay que maldecir”. Tampoco cabe esperar mucha crítica socio-política en ‘Sr. Troncoso’, que sorpresivamente se trata de un atractivo folk acústico.

 

El rápido ritmo de ‘Rumor’ necesita de tiempo para ser asimilado, pero una vez conseguido podremos disfrutar de otra memorable parte vocal y de una parte instrumental apasionante. Más estruendosa resulta la introducción de ‘¡Ya está bien!’, quizá más inspirada en lo último que había realizado King Crimson antes de su primera retirada en esos años, pero sirve para mostrar un lado más rockero del grupo. Es muy buena idea enlazarla con ‘Necesito’, pues se crea una especie de transición hacia la vertiente épica de la banda pero sin perder esa energía que viene coleando del tema anterior. La voz de Jesús suena muy informal y eso le da también un toque más directo, más cercano en cuanto a la lejanía virtual que supone hacia el oyente el rock progresivo. Por otro lado, ‘Sentimiento de amor’ mantiene el tono épico general pero adolece de falta de melodías con gancho. La excepción y por ende lo mejor llega pasados los 3:30 minutos, en ese fabuloso cambio de ritmo donde aflora todo el entusiasmo y la energía que se estaba acumulando todo el tiempo anterior.

 

No hace falta decir quién es el compositor de ‘Recuerdos de Triana’ una vez que se ha escuchado, ya que se trata de un solo de batería y percusión que afortunadamente no llega a los tres minutos y no se hace aburrido. El guitarrista Eduardo Rodríguez también tiene hueco en el disco para una composición suya, la final ‘Del crepúsculo lento nacerá el rocío’, en la cual supuestamente toca él la guitarra eléctrica porque para la guitarra española está otro músico invitado de los que participaron también en el debut. De hecho, en la primera mitad encontramos un extenso solo de eléctrica de sonido muy agudo y reverberante, mucho mejor que el solo de sintetizadores que llega más adelante. La canción la canta el propio Eduardo, poseedor de una voz más grave que la de Jesús.

 

Acaba así este recomendable álbum que, si bien no consigue llegar al mismo nivel de excelencia que su predecesor, nos deja otra nueva remesa ejemplar de cómo hacer música rock original y propia. Limitarse a copiar lo de fuera también tendría su mérito cuando las composiciones poseen originalidad aparte de ser de creación propia, pero mayor impacto hubiera tenido nuestra música más allá de las fronteras si el ejemplo de Triana hubiera cundido más entre tantos grandes músicos que sigue dando nuestro país.

SOMBRA Y LUZ

Año de publicación: 1979

Puntuación:

1) Una historia; 2) Quiero contarte; 3) Sombra y luz; 4) Hasta volver;

5) Tiempo sin saber; 6) Vuelta a la sombra y a la luz.

triana 3.png

En su tercera entrega, Triana se abrían ligeramente a nuevos sonidos y eso representa una lógica incertidumbre porque hasta ahora su propuesta estaba bien definida en cuanto a la fusión de rock progresivo y flamenco, con la única excepción de ‘Sr. Troncoso’. El problema es que se decantan por una experimentación sonora de estudio que para 1979 era ya todo un anacronismo y queda precisamente como lo peor de este disco. Cuando mejor resultado consiguen es justo cuando siguen la misma línea estilística establecida en su debut, un dato que les encasilla de alguna manera pero que en este álbum resulta evidente.

 

Las únicas variaciones que se pueden permitir para no perder ese camino musical que ellos mismos habían fijado es tomar la inspiración de diferentes bandas. Si en los álbumes anteriores podíamos encontrar trazas de ELP o King Crimson, en ‘Una historia’ es como si hubieran tomado un riff tétrico al estilo de Black Sabbath pero lo desarrollaran a una velocidad tres veces menor, aunque salen airosos por el “toque Triana” que aplican al tema. No obstante, la opción de parecerse a sí mismos no es obligatoriamente le mejor. Si la extensa ‘Hasta volver’ (diez minutos y medio) hubiera sido compuesta cuatro años antes, hubiera sonado algo redundante junto a flamantes piezas como ‘Sé de un lugar’ o ‘El lago’. Por tanto, aquí queda como un vestigio de tiempos pasados que tampoco suena mal, pero que ya no aporta nada a lo que ya conocemos, ni siquiera contiene melodías originales o que al menos lo parezcan. Y eso canta mucho para ser la pieza más larga del álbum. La sección más interesante es la que comienza sobre los seis minutos y medio, pues es donde toma suficiente brío como para salvarla de caer en el aburrimiento.

 

El mejor bajo que puede encontrarse en una canción de Triana posiblemente sea el de ‘Quiero contarte’, otra pieza de gran dinamismo que engancha desde el principio gracias a su frenético ritmo, también de estructura cambiante. Gracias al fantástico solo de guitarra final se les perdona el desliz previo de incluir ese puente cantando “¡Sí o no!”, una expresión demasiado simplona que, de haber sido un momento destacado de algún poema, le debería cerrar la puerta de la RAE a cualquier literato desprevenido. Sin embargo, la canción que da título al álbum resulta ser un mal apaño entre flamenco y psicodelia, un penoso intento de hacer algo diferente que se vuelve insufrible, sobre todo cuando se sobrepasan con todos los efectos de sonido y las voces cacofónicas. Así que ajústense los cinturones porque son siete minutos y medio, aunque la primera sección cantada está bastante bien. Y si alguien se queda con más ganas, en el premonitorio título de ‘Vuelta a la sombra y a la luz’ se retoma la misma canción pero para repetir los mismos excesos sonrojantes.

 

Como puro flamenco comienza ‘Tiempo sin saber’ al colocar la guitarra flamenca en primer plano durante la introducción de minuto y medio. La entrada posterior de los instrumentos eléctricos nos recuerda que estamos ante un grupo de rock, pero aun así se quedan más cerca del flamenco y eso no se sabe bien si es bueno o malo. La explicación es que se trata de la única pieza no compuesta por de la Rosa, sino por el guitarrista Rodríguez, que también querría su momento de gloria con la guitarra española. Esto último, junto a la fallida experimentación citada, significaba una tensión creativa importante a la hora de continuar como grupo, pues la dirección a seguir no estaba clara si a ello le sumamos los nuevos tiempos que marcaban una modernización de la música, cada vez más alejada de los grupos de rock progresivo que, a nivel mundial, estaban ya considerados como dinosaurios abocados a la extinción. No obstante, en el siguiente álbum conseguirían al menos unas ventas considerables manteniendo el mismo rumbo musical.

UN ENCUENTRO

Año de publicación: 1980

Puntuación:

1) Tu frialdad; 2) A través del aire; 3) Cae fina la lluvia; 4) Un nido en mi ventana;

5) Aroma fresco; 6) Un extraño más; 7) Encuentro fugaz; 8) Caudaloso río; 9) Fin.

triana un encuentro.jpg

La tímida apertura a nuevos sonidos que había caracterizado el álbum anterior no supone una continuidad mayor en este, es decir, que aquí tampoco van mucho más allá de añadir algunos toques modernizadores a su clásica fusión estilística. La decisión fue sabia porque ya sabemos en lo que transmutaron casi la totalidad de grupos de rock progresivo cuando quisieron subirse a la ola del synth-pop de la nueva década. Triana no olvida sus orígenes y eso les sirve para volver a deleitarnos con un buen álbum, bien compensado.

 

Precisamente las dos composiciones que corresponden a Eduardo Rodríguez son al mismo tiempo las que más se entroncan con lo realizado en el primer álbum. La primera de ellas es todo un portento, si bien ‘A través del aire’ simplemente recoge todo el savoir faire del grupo hasta ese momento, pero en su mejor acepción. Eso sí, todavía no habíamos escuchado a Eduardo cantar en falsete y lo que no hay que dejar pasar es el solo de guitarra de la parte final, que es de los mejores que encontraremos en este álbum. Por otro lado, se crea un intrigante entramado instrumental en ‘Caudaloso río’ que denotaba el dominio de los músicos y de las técnicas de estudio, pues son los punteos de guitarra y, sobre todo, los teclados de De la Rosa los que crean esa ambientación algo lóbrega. El estribillo queda muy discreto y podría haberse mejorado, pues da la impresión de que estamos escuchando berridos más que a alguien cantando. Esa falta de inspiración momentánea es también el único fallo que se le puede atribuir a ‘Tu frialdad’, esto es, el excesivamente simplón estribillo (“Na, na, na, na, na… eh, eh, eh”), lo cual es una lástima porque su tono decadente está muy bien desarrollado.

 

Los sintetizadores en primer plano que introducen ‘Un extraño más’ parecen anunciar una modernización del sonido, pero es totalmente engañoso porque se trata simplemente de una manera pomposa de adornar lo que es una pieza de serio rock envolvente. De alguna manera lo enlazan con la siguiente canción, ‘Encuentro fugaz’, que suena por momentos a pasodoble sombrío debida a esa melodía de piano que recuerda mucho al maestro Albéniz. Toda su atmósfera tenebrosa cambia a partir de los dos minutos y medio con una sorprendente melodía jovial de guitarra que supone un marcado contraste con la sección inicial. Vale la pena destacar igualmente el solo de guitarra de la coda. La solemnidad de ‘Cae fina la lluvia’ anuncia que el hedonismo musical de la Nueva Ola parecía que no les iba a afectar mucho, porque Jesús mantiene esa sensibilidad especial que transmite su voz, aquí con una triste resignación.

 

‘Aroma fresco’ puede tomarse en lo musical como la continuación de ‘Quiero contarte’, una píldora de energía (refrescante, por supuesto), que condensa en dos minutos y medio toda el poderío de la banda. En cambio, la aparentemente sencilla ‘Un nido en mi ventana’ vuelve a ser una canción acústica de elaborada parte de guitarra que curiosamente no suena flamenca, como sí lo hace la voz. Repetidas escuchas permiten apreciar su notable distinción respecto a lo que podría ser el típico tema acústico de un grupo de rock. El momento de lucimiento de Tele llega en ‘Fin’, donde comienza metiendo efectos de sonido varios para luego ponerse a tocar lo más rápido posible su batería, pero en haberlo escuchado una vez ya no quedarán muchas ganas de una segunda ocasión. Se lo podrían haber ahorrado. Pero que esta manera de finalizar no emborrone lo que es otro disco de alto nivel para una banda todavía en forma ante un género que ya resultaba anacrónico en esa época. Afortunadamente, tenían una visión artística íntegra aunque bastante monolítica.

2020

UN MAL SUEÑO

Año de publicación: 1981

Puntuación:

1) Un mal sueño; 2) Es algo tan maravilloso; 3) Una vez; 4) Y qué voy a hacer con tu sonrisa; 5) Una noche de amor desesperada; 6) Por el camino; 7) Corre.

triana_mal_sueño.png

2020

Llegó el temido paso tantas veces repetido en la historia del rock en el cual el espíritu artístico comienza a desaparecer en pro de un sonido más accesible y comercial. Llega un momento en que la música se convierte en un trabajo donde se echan unas horas al día y ya deja de ser un estilo de vida. La portada ya denota que Triana se han vuelto comerciales, lo que significa que, por una parte, se adaptarán a las modas imperantes, y por otra parte echarán mano de composiciones más antiguas para reciclar lo necesario y poder tener nuevo material con celeridad. Lo único positivo es que a Tele ya no le dejan meter sus temas ruidosos de percusión.

 

La canción que da título al álbum nos hace pensar pronto en glorias pasadas como ‘Sé de un lugar’, debido a su ritmo lento y cadencioso, junto a la manera de cantar en forma de lamento de Jesús, algo ya marca de la casa. El único problema es que, dentro de su impecable construcción y ejecución, no encontramos ningún momento de verdadera emoción al excelso nivel de sus grandes composiciones. Y esto es un problema recurrente, pues ‘Por el camino’ también posee todos los ingredientes para ser uno de sus grandes temas, pero es como si el entusiasmo se hubiera quedado en algún lugar. Dura casi siete minutos y no aburre en ningún momento, pero da la sensación que es más de lo mismo de siempre, como si hubieran puesto el piloto automático y no se hubieran preocupado en hacer algo especial. Es justo señalar que los solos de guitarra no están mal, el segundo de ellos para completar los dos últimos minutos.

 

En realidad bien podrían haberse limitado a seguir haciendo lo mismo de siempre, puesto que los temas estilísticamente más novedosos son lo más decepcionante de este álbum. La llamativa introducción de ‘Es algo tan maravilloso’ es lo único destacable de este vulgar tema de pop-rock, poseedor de un lamentable estribillo nada propio de un grupo de rock, mucho menos de quienes se podían catalogar como rock progresivo hasta este momento. Suenan demasiado convencionales en ‘Una noche de amor desesperada’, un tema más propio de la categoría de canción ligera que del rock. Donde ya se pasan de la raya es cuando se sumergen en la música disco mediante ‘Corre’, sucumbiendo de esta manera a las modas de una manera que no encaja para nada con lo que había sido la música de Triana. No está mal como intento de hacer una canción diferente y jovial como final de este flojo álbum, pero suena a uno de tantos temas comerciales de la época.

 

El flamenco aparece claramente y con buen gusto en ‘Una vez’, cuyo estribillo, de no haber tenido acompañamiento rítmico, bien podría haber salido de un cantaor flamenco. La voz grave de Eduardo aparece en su composición ‘Y qué voy a hacer con tu sonrisa’, donde no podía faltar tampoco el protagonismo de su guitarra flamenca, aunque comienza con una espectacular guitarra eléctrica. El tema suena diverso y posee animados ritmos, por lo que es entretenido de escuchar. Puede decirse que es la mejor canción del disco, es decir, por delante de las composiciones de De la Rosa, un detalle bastante clarificador de por qué estamos ante una obra menor de Triana y por qué debieron esperarse para publicar un nuevo álbum, porque después de haber remontado el vuelo con Un encuentro podrían haberse tomado la continuación con más calma. La pena será que todo acabe por sorpresa.

LLEGÓ EL DÍA

Año de publicación: 1983

Puntuación:

1) Desnuda la mañana; 2) Perdido por las calles; 3) De una nana siendo niño;

4) Aires de mi canción; 5) Llegó el día; 6) Querida niña; 7) Como el viento.

triana llego.jpg

Llegamos aquí al último álbum (aunque para ellos no lo era en ese momento) de Triana, donde no hay sorpresas respecto a lo que habían mostrado un par de años antes. Nuevamente se mueven inseguros entre el sonido fiel a sus primeros años y la apertura a las modas musicales, sin dirigirse firmemente a ninguna de ellas. Esto en realidad podía tomarse como una ventaja al permitir diversificar el sonido, pero ya se sabe que no basta con adoptar nuevos estilos musicales, sino que se ha de seguir haciendo con originalidad y/o atractivo, pues de otra manera no se está solucionando nada.

 

Lo más sonrojante es comprobar que Eduardo Rodríguez se fija en la rumba-pop de la época para modernizar el sonido de Triana, cuando ese no era el juego donde podían competir. En dos de sus composiciones se aleja completamente de todo lo que podía asociarse con el nombre del grupo. En ‘Perdido por las calles’ parece que se hayan fijado directamente en Los Chichos o Los Chunguitos, esto es, conteniendo todas sus virtudes y también sus defectos, lo cual significa que al menos tiene ese punto de gracia particular. Mucho más extravagante resulta ‘Querida niña’, que es como si los mismos Chichos o Chunguitos hubieran decidido hacer rock progresivo, cambiando los sintetizadores habituales por el Moog. No es ningún desastre el resultado, pero tampoco se consiguen encajar adecuadamente los diversos elementos. Eduardo tan solo retoma su estilo de los años anteriores en ‘Aires de mi canción’, cuyos lamentos bien flamencos se desarrollan luego con acertados arreglos de rock progresivo y una guitarra eléctrica que transpira flamenco por todos lados.

 

Como hemos visto, Eduardo Rodríguez suma como autor hasta tres de las siete composiciones de este álbum, todo un récord y un detalle significativo de cómo se había equilibrado la balanza de poderes. De la Rosa se muestra algo más inspirado que en  el álbum anterior, pero no llega a deslumbrarnos como en sus mayores logros. Cabe destacar de él la muy intrigante ambientación tétrica de ‘Como el viento’, así como la canción que abre el disco, ‘Desnuda la mañana’, presentado por un vistoso riff de guitarra y cuya parte vocal suena más pop que nunca. De lo más comercial que habían hecho Triana. Por el contrario, ‘De una nana siendo niño’ vuelve a inspirarse en la música de sus orígenes, tipo ‘Sé de un lugar’, lo cual es de agradecer vista la mutación sonora impuesta por Rodríguez. Lo más destacable son los incisos instrumentales, pues ese piano en primer plano y el acompañamiento rítmico nos hacen recordar a los mejores Renaissance.

 

Nada menos que trece minutos de duración, para ser 1983, tiene ‘Llegó el día’. Pero dista de ser una composición multiparte como correspondía a los grupos de rock progresivo (que en los ochenta estaban completamente extintos) y puede tomarse como dos composiciones separadas que enlazan de forma poco original. Parece que la pieza se acabado transcurridos cinco minutos, pero el sonido monótono y aletargado continua hasta que unas voces infantiles nos despiertan de la modorra. Luego llega una sección instrumental que es lo único interesante al mostrar algo de energía con la guitarra eléctrica en primer plano, porque las secciones cantadas que abren y cierran este tema se hacen bastante aburridas.

 

Este álbum algo irregular nos dejará siempre con la duda de hacia dónde podrían haberse dirigido Triana. La muerte de Jesús de la Rosa en un accidente de tráfico provocó la obligada disolución del grupo, pues él fue el verdadero artífice y definidor del sonido de Triana y no tenía sentido continuar sin él. La nostalgia (por decirlo de una manera bonita) llevaría al baterista Tele a reformar el grupo en los noventa sin Rodríguez, pero todavía se rizaría más el rizo al morir Tele y continuar el resto de músicos contratados por él con el nombre de Triana. Pero aquí queda este legado de seis álbumes con parte de lo mejor y más original que se hizo en el rock de nuestro país en esos años.

bottom of page