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TIM BUCKLEY

2021

TIM BUCKLEY

Año de publicación: 1966

Puntuación:

Puntuación:

1) I Can't See You; 2) Wings; 3) Song Of The Magician; 4) Strange Street Affair Under Blue; 5) Valentine Melody; 6) Aren't You The Girl?; 7) Song Slowly Song;

8) It Happens Every Time; 9) Song For Jainie; 10) Grief In My Soul; 11) She Is;

12) Understand Your Man.

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2021

El estreno de Tim Buckley en el mundo de la música no pudo presentarse en mejores condiciones porque contó con todo el apoyo de la discográfica Elektra, de tal manera que pudo contar con los productores e ingenieros de sonido que engrandecerían el sonido de futuras grandes bandas de Los Ángeles como The Doors o Love. Buckley provenía del mundo del folk, pero pronto se adhirió al incipiente sonido del folk-rock que un año antes se había abierto camino a partir de otra gran banda de Los Ángeles: The Byrds. Todo quedaba en casa y todos se influenciaban de manera un tanto endogámica, así que la clave era poseer alguna característica distintiva que en el caso de Tim Buckley fue sobre todo la versatilidad y técnica de su voz. Sin embargo, esto último no comenzará a destacar de verdad hasta unos años después. En sus primeros años se mantendrá en unos términos de folk-rock accesibles y con suficiente gancho en las composiciones para llamar la atención. Todo son composiciones originales, la mitad de ellas escritas junto al letrista y amigo suyo Larry Beckett. También destaca la guitarra de Lee Underwood, quien le acompañará durante buena parte de su carrera y pondrá su granito de arena en la calidad sonora de esta música. El resto de músicos participantes también se pueden destacar, pues el bajista Jim Fielder acabará en Blood, Sweat & Tears, el baterista Billy Mundi ya estaba tocando con The Mothers Of Invention y Jack Nitzsche era un arreglista que ya había trabajado con los Rolling Stones que tendrá una carrera asociada sobre todo con Neil Young, desde los inicios en Buffalo Springfield.

 

El comienzo no puede ser más acertado que mediante el brioso ‘I Can't See You’, de letra deliciosamente poética y parte vocal como arrastrada, en oposición a la parte instrumental donde destaca la fina pero precisa guitarra eléctrica cuyos deliciosos punteos complementan la base acústica. Esto seguro que le gustó al grupo Love, si nos atenemos a lo que fue su evolución. Muy similar en estilo y propuesta resulta ‘Grief In My Soul’, por lo que queda entre lo más discreto del álbum porque ya no aporta nada aparte de un exacerbado pesimismo. Más como cantautor se nos muestra Buckley en la acústica y sosegada ‘Valentine Melody’, mientras, que las dotes vocales excepcionales de Tim Buckley se nos muestran más adecuadamente en las sutilezas de ‘Song Of The Magician’.

 

Aunque esté interpretada en clave de country-rock, ‘Aren't You The Girl?’ es la excusa perfecta para que comprobemos la facilidad y naturalidad con la que Tim llega a los registros altos. Las virguerías de guitarra en ‘Strange Street Affair Under Blue’ son más propias de un grupo de rock, pero Buckley trascendía etiquetas y en esta canción de aceleración progresiva lo que hace es conjugar la música festiva con el rock. En el fragmento espiritual que nos cuela hacia el final ya nos preludia tímidamente sus futuros experimentos vocales. Muy vistosas resultan también las florituras de guitarra de la pegadiza ‘Song For Jainie’. En cambio, ‘Wings’ es la típica balada orquestal de los sesenta, aunque posee tanto ritmo que no sería muy apropiado denominarla de esa manera, pero posee esa estructura típica de estrofas reposadas y estribillo vistoso con la voz elevando el tono paulatinamente hasta los registros más altos.

 

Pero aunque los inicios de Tim Buckley sean más comerciales en comparación con su segunda etapa, aquí podemos encontrar temas experimentales como es el caso de ‘Song Slowly Song’, si bien queda como un experimento fallido que adelanta algunos de los futuros excesos de la incipiente psicodelia de entonces. A Donovan se le daría mejor la incursión en esos terrenos lisérgicos, justo en el mismo año que el presente álbum. Para compensar lo plomizo que puede ser este tema, a continuación llega la deslumbrante introducción de ‘It Happens Every Time’, que luego se suaviza un poco con la orquesta y quizá hubiera sido más deseable que prosiguiera en una línea más rockera. Esa incipiente psicodelia que comenzaba a brotar en 1966 asoma aquí de nuevo en la extraña introducción entre oriental y medieval de ‘She Is’, aunque luego se transforma en otro atrayente tema de hipnotizadora guitarra y magistral sección rítmica que van elevando el tono paulatinamente hasta llegar un fenomenal apogeo de gran emoción.

 

Para el final se acerca en ‘Understand Your Man’ al sonido cercano al garaje de los primeros Beatles tipo ‘I Saw Her Standing There’, que no es precisamente el estilo que mejor se adapta a las características de Tim, pero no queda mal como final enérgico para un debut notable que no fue muy del agrado de su autor porque este ya estaba pensando en cosas más artísticas y no tan comerciales. Pero presenta un buen equilibrio entre melodía, técnica y tímida experimentación, de tal manera que representaba un estupendo comienzo para un músico que todavía nos iba a deleitar en mayor grado con su segundo LP.

GOODBYE AND HELLO

Año de publicación: 1967

Puntuación:

1) No Man Can Find The War; 2) Carnival Song; 3) Pleasant Street; 4) Hallucinations;

5) I Never Asked To Be Your Mountain; 6) Once I Was; 7) Phantasmagoria In Two;

8) Knight-Errant; 9) Goodbye And Hello; 10) Morning Glory.

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Todas las buenas sensaciones que había transmitido Tim Buckley en su debut se ven corroboradas y superadas en su segunda entrega. No es que vayamos a encontrar música diferente, sino que lo que habíamos escuchado con anterioridad se nos muestra aquí más equilibrado, inspirado, mesurado, poético y experimentado. Lo que anteriormente no dejaba totalmente satisfecho al oyente, aquí se nos muestra casi perfecto, con unas composiciones brillantes que permiten potenciar la sensacional técnica vocal de Buckley. La mitad de los temas cuentan con la autoría conjunta del poeta Larry Beckett, lo cual ayuda a lograr algunos textos realmente envidiables, pero mejor interpretación no podrían tener en el apartado vocal si no fuera la de Tim.

 

El comienzo del disco no puede ser más certero, pues la letra de ‘No Man Can Find The War’ juega con inteligencia con la imaginería bélica para desconcertarnos con ese verso final de estrofa: “But no man can find the war”. La interpretación vocal de Tim es soberbia, llegando a unos registros muy altos en los inicios de estrofa y transmitiendo con su voz el pesimismo latente de una sociedad, la estadounidense, que veía cernirse la guerra de Vietnam sobre ellos como la lacra en que acabará convirtiéndose con los años. Una de esas canciones que dice mucho más de lo que su letra poética aparenta. Eso sí, los efectos sonoros de bombardeos podrían habérselos ahorrado. En modo ambiental se desarrolla ‘Hallucinations’, donde se recrea esa atmósfera envolvente de alucinaciones que va renovándose cada vez que Buckley canta ese mágico verso que dice “Now you are gone”. Y decimos mágico porque su manera de hilvanar una melodía a partir de sílabas (unas veces juntándolas rápidamente, en otras alargando alguna de ellas) es un arte en sí mismo. ‘Carnival Song’ también hace honor a su título y se desenvuelve bajo un ritmo circense, aunque es la voz de Tim lo que aporta interés a esta canción.

 

No es habitual encontrar un tono tan sombrío como el de ‘Pleasant Street’, pero consigue llegar tan hondo como pudiera pretender Buckley, ayudado por una sensacional guitarra eléctrica que se mantiene en un segundo plano pero complementa a la perfección la carga emocional del apartado vocal. De lo único que peca ‘I Never Asked To Be Your Mountain’ es de que no nos ofrece nada que no hayamos escuchado ya, pero el carisma de Tim Buckley es más que suficiente para que el resultado sea destacable, sobre todo cuando lo despliega en forma de crescendo, llevando su voz a una diversidad de registros como solo él sabe alcanzar. Esa habilidad para ir creciendo en intensidad hasta llegar a un final de apoteosis presenta un ejemplo incluso mejor en ‘Once I Was’, donde la última vez que canta el estribillo es de una emoción absoluta, sobre todo cuando repite el último verso (“Will you remember me?”) apoyado por una percusión y una guitarra acústica que transmiten toda la catarsis del momento.

 

‘Goodbye And Hello’ es poesía convertida en música y a pesar de sobrepasar los ocho minutos consigue mantener la atención con su imaginería medieval y los diversos estados de ánimo por los que transita, a lo que ayuda unos originales arreglos de tono orquestal que participan activamente en la consecución de esos estados de ánimo. Como si fuera premeditada la búsqueda de siglos anteriores, vuelve a indagar en un estilo medieval para la historia amorosa de ‘Knight-Errant’. En cambio, ‘Phantasmagoria In Two’ posee el encanto de la sencillez a través de unas melodías vocales memorables y cautivadoras. Como broche final, el título de ‘Morning Glory’ no puede ser más apropiado al alcanzar un lirismo sublime, sobre todo en el glorioso estribillo, que es uno de esos momentos celestiales a los que llega el arte musical. No en vano, esta canción ha conocido varias versiones, algunas de ellas de muy diferente índole pero igual de grandiosas que la original, como por ejemplo la de Blood, Sweat & Tears o la de This Mortal Coil (¡en 1986!).

 

Así pues, Goodbye And Hello se nos muestra como la cúspide de Tim Buckley, donde lo único que puede objetarse es la poca variedad que aporta el sonido en algunos casos. Pero es un sensacional álbum que lo eleva por encima de la categoría de cantautor, o de lo que entendemos por cantautor, al quedar su música particularizada por la riqueza de registros y texturas vocales, una virtud que acabará explotando hacia direcciones experimentales e imprevisibles. Pero aquí consigue ese perfecto equilibrio entre lo artístico y lo comercial.

HAPPY SAD

Año de publicación: 1969

Puntuación:

1) Strange Feelin'; 2) Buzzin' Fly;

3) Love From Room 109 At The Islander (On Pacific Coast Highway); 4) Dream Letter;

5) Gypsy Woman; 6) Sing A Song For You.

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El tercer álbum de Tim Buckley marcará el devenir de este artista en los próximos años, pues no solo se separará de su amigo Larry Beckett, coautor de algunas de sus composiciones previas, sino que adoptará un estilo propio donde la voz será definitivamente la protagonista. Puede decirse que, influenciado por el free-jazz, dará total libertad a su voz para ir desgranando notas y registros diversos sin la obligación de ceñirse a una estructura fija o determinada, aunque todavía tardará en lanzarse definitivamente a la música más vanguardista. Así pues, muy pronto percibimos que algo ha cambiado sustancialmente respecto a lo que conocíamos de él. No tan solo en el número reducido de temas que conforman el disco, sino que el sonido es mucho más minimalista y sombrío de lo que había sido habitual. Quien busque un sonido de batería, ya puede buscar en otro lugar porque aquí tan solo encontrará una suave percusión manual que a veces resulta imperceptible.

 

Ese estilo donde parece ir la música por un lado y el apartado vocal por otro es la idea que nos presenta ‘Strange Feelin'’ para comenzar. La instrumentación crea un entramado sobrio que a veces raya lo atonal aunque nunca se aleja del propósito melódico que todavía tiene Buckley presente. Como no podía ser de otra manera, la estrella es Tim y sus alardes técnicos vocales, así que sorprende que casi tres minutos finales estén dedicados a la espartana instrumentación. La instrumentación delicada a base de marimbas y guitarra acústica queda genial para la ambientación onírica que se busca en ‘Dream Letter’, siendo una de las mejores canciones del álbum, puede que la mejor para quienes busquen al Tim Buckley más directo y con una estructura más definida. En un estilo similar se desarrolla ‘Sing A Song For You’, que al principio parece que va a ser un final a cappella pero luego le añaden algunos toques minimalistas, principalmente con la marimba.

 

La idea principal de ‘Love From Room 109 At The Islander (On Pacific Coast Highway)’ es interesante y atractiva, pero luego ya no ofrece nada más durante sus casi once minutos de duración y tan solo podrán disfrutarla quienes sean devotos de ese estilo libre e intimista que adoptó Tim. Mejor sensación deja el tema más extenso del álbum, ‘Gypsy Woman’, que se basa en un ritmo de aires latinos (que aceleran o deceleran según el momento) donde los músicos se muestran cómodos mientras Buckley va apareciendo por allí con sus modulaciones vocales llevadas al extremo. Encontramos hasta un solo de guitarra que deja una sensación similar a si estuviéramos escuchando una composición menor inspirada en ‘Sympathy For The Devil’ de The Rolling Stones. Es lo más animado que encontraremos aquí junto a ‘Buzzin' Fly’, la cual se desarrolla bajo un ritmo dinámico de base acústica al cual le añaden deliciosos punteos de guitarra eléctrica.

 

Se trata, pues, de un álbum algo complicado de digerir en primera instancia cuando se ha conocido los discos previos, ya que la propuesta es bien diferente. Predomina la técnica sobre la melodía, aunque esta última no se ha olvidado, motivo por el cual todavía resulta aceptable hasta para oídos castos la escucha de una obra de esta clase. Quien no se sienta nada atraído por esta música, más enfilada al jazz, es mejor que se detenga aquí o se salte unos cuantos álbumes hacia delante.

BLUE AFTERNOON

Año de publicación: 1969

Puntuación:

1) Happy Time; 2) Chase The Blues Away; 3) I Must Have Been Blind; 4) The River;

5) So Lonely; 6) Café; 7) Blue Melody; 8) The Train.

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De igual manera que en la portada se va difuminando la imagen de Tim Buckley, la música también comenzaba a divagar cada vez más. En Happy Sad ya habíamos observado la nueva tendencia vanguardista de Tim, focalizada sobre todo en explorar todas las posibilidades de su voz. También su guitarrista de siempre, Lee Underwood, se desenvuelve con soltura en este mundo de complejidades e improvisación, contando esta vez con el apoyo de un segundo guitarrista de jazz para algunos temas. Las composiciones comienzan a tener largas duraciones que todavía se acrecentarán más en el futuro. Buckley cada vez necesita más tiempo para decir todo lo que necesita dentro de una canción.

 

Con una delicadeza de arreglos que ayudan a engrandecer la cálida voz de Tim para que fluya con la libertad necesaria, se desarrolla ‘Happy Time’ bordeando por momentos la bossa nova. Más sombrío de lo habitual se muestra en ‘Chase The Blues Away’, de tal manera que el tono de la canción transmite lo contrario de la letra, probablemente de forma deliberada (o es lo que querríamos pensar). Solo es cuestión de tiempo que se alcance esa simbiosis mágica entre voz e instrumentación que Buckley logra en sus mejores momentos, llegando en ‘I Must Have Been Blind’ a una verdadera gloria musical.

 

La guitarra eléctrica suena con mucha libertad en la más jazzística ‘So Lonely’, donde la parte vocal queda más discreta porque a Tim le da por lanzarse a algunos extremos agudos. Aunque donde la voz suena más compleja y difícil de asimilar a nivel estructural es en ‘Café’, que aparte puede resultar monótona en su tono contemplativo para contarnos una historia de amor etéreo. Algo como ‘The River’ es lo que quizá buscaba Jim Morrison cuando interpretaba piezas mantraicas como ‘The End’. Aquí se busca hechizar al oyente mediante una medida percusión y un vibráfono que aparecen como elementos disruptivos del ritmo de guitarra acústica que sirve de base. Casi con ritmo de bolero se desenvuelve ‘Blue Melody’, o al menos esa es la sensación que deja escuchar unas congas, mientras Tim nos canta de una manera totalmente alejada de ese estilo, como cabía esperar.

 

El verdadero tour de force del álbum es la imprevisible pieza final, ‘The Train’, donde toda la libertad existente para los músicos les lleva a conseguir algunos emocionantes pasajes instrumentales (y otros desconcertantes, por supuesto) con la guitarra eléctrica liderando ese apartado. Su título es apropiado para que sigamos cómo arranca ese tren mediante un potente ritmo acústico que paulatinamente y sin apenas darnos cuenta acaba sustituido por una percusión ascendente y un bajo que acaba integrándose en el conjunto. Pero no es una pieza precisamente para todos los gustos y se ha de estar mentalizado para escuchar música de este tipo. Como también uno no puede ponerse a escuchar este álbum en un día cualquiera, sino cuando se tengan ganas de realizar una escucha activa.

LORCA

Año de publicación: 1970

Puntuación:

1) Lorca; 2) Anonymous Proposition; 3) I Had a Talk With My Woman; 4) Driftin';

5) Nobody Walkin'.

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Grabada durante la época de Blue Afternoon pero guardada durante un año, quizá para no interferir en las tiendas de discos, Lorca expande los horizontes experimentales que estaba abordando Tim Buckley. Los músicos son casi los mismos, con la diferencia notable de que la única percusión empleada aquí es mediante congas, pero la propuesta es todavía más arriesgada y experimental. Aquí las melodías aparecen, cuando lo hacen, de manera tan rápida como desaparecen, todo fruto de la libertad con la cual se ejecutan las únicas cinco piezas que conforman el álbum, todas ellas de duraciones entre los seis y diez minutos. Este álbum y el siguiente serán los más vanguardistas de Tim, todo un ejercicio de técnica llevada al límite y no apto para todos los públicos.

 

Las atonalidades que nos presenta nada más comenzar ‘Lorca’ y las florituras vocales de Buckley son la carta de presentación de esta complicada obra. Es complicado introducirse dentro de una música así, pues ocurre como en los productos bancarios tóxicos, que el interés es variable y normalmente sale uno perdiendo. Pero se le puede encontrar el punto en algún momento. Eso sí, que nadie busque referencias lorquianas en la letra porque aparentemente no hay ninguna y tan solo los conocedores de la vida y obra de Lorca podrán saber si existe alguna relación. En todo caso, el asesinato de Federico García Lorca por el fanatismo fascista siempre tuvo una atracción especial en el mundo anglosajón. La introducción de guitarra y percusión manual deja una buena sensación de entrada en ‘I Had a Talk With My Woman’, pero volvemos a lo mismo que acabamos de decir, que puede perderse el interés en algunos momentos porque los ingredientes ya los conocemos desde el principio y luego debemos estar atentos para captar las variaciones.

 

Puede aletargar al oyente ‘Driftin'’, pero vale la pena echarle un vistazo a la parte de guitarra que suena en su segunda mitad, mientras que ‘Nobody Walkin'’ suena a lo que veían haciendo en el Reino Unido The Incredible String Band en su vertiente más experimental. Esta comparación se hace para lo bueno y para lo malo, pues por un lado estamos ante el tema más rápido con diferencia en este álbum, todo dentro de un entramado acústico, y por otro lado se mantiene esa improvisación vocal que, en este caso, se adapta bastante bien al acompañamiento instrumental, quedando como el mejor tema de este álbum. Lo más indigesto que encontraremos aquí es ‘Anonymous Proposition’, una composición de libertad absoluta que al mismo tiempo nos deja la libertad a nosotros de pasar olímpicamente de ella, como también pasar de este complicado álbum que se ha de escuchar en días muy concretos y con una disposición de ánimo muy concreta también.

2022

STARSAILOR

Año de publicación: 1971

Puntuación:

1) Come Here Woman; 2) I Woke Up; 3) Monterey; 4) Moulin Rouge; 5) Song To The Siren; 6) Jungle Fire; 7) Starsailor; 8) The Healing Festival; 9) Down By The Borderline.

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2022

Todo lo que echamos en falta en Lorca lo obtenemos en el siguiente álbum de Tim Buckley. Sigue siendo una obra experimental y vanguardista, pero aquí consigue darle una cierta forma y coherencia a la música que escuchamos. Si Lorca podría hacer huir de tu casa a cualquier amistad íntima que hubieras hecho recientemente (pues pensaría que no andas bien de la cabeza), Starsailor, en cambio, le haría pensar que eres una persona diferente con inquietudes artísticas (bueno, salvo que en ese momento suenen ‘Monterey’ o ‘Starsailor’). La mayor diferencia respecto a lo que había hecho hasta ese momento estriba en la adición de dos músicos de viento (los hermanos Gardner) que añaden trompeta, saxofón, flauta o lo que sea necesario para cada tema. De ellos, Bunk Gardner venía de tocar con The Mothers Of Invention en algunos de los mejores álbumes de Frank Zappa.

 

Cómo una canción totalmente experimental como ‘Come Here Woman’ puede transmitir una energía tan grande es digno de ser estudiado. Esto es del estilo de Trout Mask Replica de Captain Beefheart, pero cautiva por sus intrépidos pasajes donde los músicos lo dan todo, no solo Tim. El título de ‘Jungle Fire’ no es ninguna broma aunque aparentemente lo parezca, pues hemos de asistir a una primera mitad de atonalidades para después entrar en un frenético y potente ritmo que bien podrían haber firmado los Jefferson Airplane de finales de los sesenta. En ‘The Healing Festival’ el desenfreno llega marcado por el saxofón y la trompeta, pues el bajo y la percusión se acaban ciñendo a una misma secuencia. En cualquier caso, el mejor ejemplo de adónde podían llegar todos estos músicos juntos lo tenemos en la pieza final, ‘Down By The Borderline’, donde tras una introducción de trompeta entra un adictivo ritmo liderado por la guitarra y la voz improvisada de Tim encaja a la perfección mientras transita de un extremo a otro de su escala vocal.

 

‘Monterey’ no trata sobre el famoso festival de música de unos años antes, sino que se trata de la misma poesía críptica para que Tim se desahogue más que en otros temas, llevando su voz con mayor asiduidad a extremos, de tal manera que a veces parece una bruja en éxtasis. Juega con los efectos de eco en ‘Starsailor’, aparte de crear sonidos imposibles con su voz. Esto ya no es música, sino experimentación pura y dura. En ‘I Woke Up’ juega más con la percusión y los efectos sonoros, aunque luego se nos muestra muy emotivo en ‘Song To The Siren’, que es lo que probablemente hubiera deseado hacer Jimi Hendrix de haber tenido la voz apropiada, pues la guitarra suena a sus experimentos sonoros o incluso a esa versión abstracta que realizó del himno de EEUU. Es toda una sorpresa encontrar de entrada melodías reconocibles en ‘Moulin Rouge’ y quizá por ello Buckley la redujo a dos minutos, no fuera que alguien pensara en quitarle la etiqueta de experimental al álbum. En todo caso, esa etiqueta ya no podrá ponérsela en adelante de una manera tan clara, pues en sus próximos álbumes cambiará a los músicos que le acompañan y este sonido tan libre y complejo. Pero Starsailor queda como ejemplo de cómo conseguir ser experimental y relativamente accesible al mismo tiempo. Un disco único en esa época y referencia para quienes hicieron algo similar con posterioridad.

GREETINGS FROM L.A.

Año de publicación: 1972

Puntuación:

1) Move With Me; 2) Get On Top; 3) Sweet Surrender; 4) Nighthawkin'; 5) Devil Eyes;

6) Hong Kong Bar; 7) Make It Right.

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Se acabó la experimentación para Tim Buckley, no sabemos si porque la casa discográfica le dijo lo de “hasta aquí hemos llegado” o porque, simplemente, quería volver a tener algo de público en sus conciertos. El caso es que no olvida tampoco lo aprendido hasta este momento y al mismo tiempo vuelve a disponer de un buen surtido de músicos, incluidos varios de viento, de tal manera que Buckley vuelve a buscar un sonido más rockero y con mayor sabor californiano.

 

Nada más comenzar a escuchar ‘Move With Me’ y su marcado ritmo boogie ya nos damos cuenta de que los tiempos del vanguardismo ya se han superado. Ya no hay experimentación vocal, aunque la voz no suena tampoco estandarizada y no faltan algunas salidas de tono artísticas. Tim sabe cómo modular y adaptar su voz, pues de otra manera se hubiera dedicado a la pintura o la escultura. En la parte final sí que encontraremos aullidos y gruñidos varios, marca de la casa. Y es que ni recordábamos ya que Buckley podía sonar tan rítmico y pegadizo como nos demuestra en ‘Get On Top’. Incluso podríamos aseverar que, si le quitáramos los coros femeninos, ‘Nighthawkin'’ podría pasar por unos Jefferson Airplane en plan amistoso mientras la guitarra se mueve con total libertad, ofreciendo vistosos punteos.

 

En ‘Devil Eyes’ destaca la sección rítmica, especialmente la desaforada batería, mientras que los violines ayudan a alcanzar un soberbio sentimiento épico en ‘Sweet Surrender’ y únicamente se echa en falta un mejor estribillo. Pero es un tema que no hubiera desentonado en un álbum de Santana, salvo en el apartado vocal, claro está. Emula el sonido de las grabaciones de blues de los años treinta/cuarenta en ‘Hong Kong Bar’, consiguiendo también lo mismo que los grandes bluesmen de esa época, esto es, que con una composición de estructura repetitiva logra un efecto hipnótico que hace que sus siete minutos transcurran sin que nos demos cuenta. El mérito es tanto del mismo Tim como del sensacional trabajo de guitarra del músico de estudio de turno.

 

Todavía más emocionante resulta ‘Make It Right’, que es el mejor colofón para este álbum porque ya desde el inicio emocionan con la guitarra y la voz tomando ambas el liderazgo, ofreciendo luego memorables melodías, cambios de ritmo o de registro. Todo bajo unos inteligentes arreglos de riqueza instrumental donde no faltan los arreglos de cuerda. Es también la demostración de que las asombrosas cualidades vocales de Buckley podían aprovecharse también en canciones no orientadas a la experimentación sino a la melodía y la emoción. Son cuatro minutos de esa gloria musical que había demostrado saber alcanzar en sus inicios pero que parecía olvidada. Aunque este álbum volvió a ser una decepción en cuanto a sus ventas, lo cierto es que volvía a colocar la reputación de Tim Buckley en buen lugar dentro de la música popular, apartado ya del encasillamiento experimental al cual había llevado sus creaciones.

SEFRONIA

Año de publicación: 1973

Puntuación:

1) Dolphins; 2) Honey Man; 3) Because Of You; 4) Peanut Man; 5) Martha;

6) Quicksand; 7) I Know I'd Recognize Your Face; 8) Stone In Love;

9) Sefronia: After Asklepiades, After Kafka; 10) Sefronia: The King's Chain;

11) Sally Go 'Round The Roses.

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A estas alturas de la carrera de Tim Buckley parecía que grababa álbumes por compromiso contractual y con menos ilusión. De hecho, tan solo seis canciones son composiciones suyas y cuatro están escritas junto a su buen amigo Larry Beckett. El caso es que volvía su guitarrista habitual Lee Underwood (ausente del álbum anterior) y seguía habiendo una buena cantidad de músicos participantes, lo cual mostraba una cierta confianza de la discográfica hacia Tim. Así pues, entre el apoyo discográfico y la experiencia y profesionalidad de este músico, había suficientes motivos para pensar que podría entregar otra recomendable obra, pero la falta de más composiciones originales denota que se trata de una obra menor.

 

A pesar de que haya tantas versiones, no puede fallar cantando ‘Martha’ de Tom Waits, grabada justamente el mismo año que debutaba este último con Closing Time. Buckley consigue engrandecer con su envidiable voz las preciosas melodías de la composición y los arreglos orquestales también ayuda a darle una excelencia a la que no podía llegar la original por sonar demasiado humilde, siendo aquí la mejor canción del disco. El inicio mediante ‘Dolphins’, otra versión de un tema de Fred Neil, ya nos informa de que seguimos con el Buckley melódico y también evocador, sobre todo gracias a una excelente parte de guitarra que complementa con deliciosos punteos los versos cantados por Tim. Una novedad, quizá la única, es escuchar a Tim jugando de verdad con su voz, multiplicándola en el estudio con diferentes registros para un tema humorístico como ‘Peanut Man’, el cual deja una buena sensación por su originalidad a pesar de ser una composición menos seria.

 

Muy moderna suena la precisa ambientación musical de ‘Because Of You’, la cual adolece de falta de melodías pero es suficiente con dejarse transportar por la modulación vocal y una instrumentación que acaba volviéndose amigable, casi de aires tropicales. Da gusto escuchar un afilado blues-rock como ‘Honey Man’ para que Tim aproveche su privilegiada voz en un terreno poco transitado por él, mientras que ‘Quicksand’ aporta la dosis necesario de rock potente. El ritmo de ‘Stone In Love’ impacta al principio, pero una vez conocido acaba perdiendo ese impacto y únicamente el solo de guitarra presenta algo de interés. Demasiado vulgar se nos muestra en la balada de medio tempo ‘I Know I'd Recognize Your Face’, donde Tim se nos muestra abúlico y cede el protagonismo vocal a las voces femeninas. En el vinilo original, ‘Sally Go 'Round The Roses’ aparecía acreditada a Buckley, pero se trata de una canción comercial de 1963 que Buckley hace suya porque los cambios de ritmo y su registro vocal son suficientes para elevar su calidad por encima de lo meramente comercial.

 

La pieza que da título al álbum está dividida en dos partes, siendo la primera algo divagadora y la segunda, ‘The King's Chain’, más interesante por contener modulaciones vocales más melódicas, si bien ambos temas sirven de vehículo para que Tim pueda experimentar más con su voz de lo que puede hacer en el resto del álbum. En resumen, nos queda un contenido bastante diverso y con suficientes momentos destacados para tener en consideración este disco, pero tampoco contiene nada que necesitemos saber ya sobre Tim Buckley. Es cumplir con dignidad, que ya es bastante para el mundo de la música.

LOOK AT THE FOOL

Año de publicación: 1974

Puntuación:

1) Look At The Fool; 2) Bring It On Up; 3) Helpless; 4) Freeway Blues; 5) Tijuana Moon;

6) Ain't It Peculiar; 7) Who Could Deny You; 8) Mexicali Voodoo; 9) Down In The Street;

10) Wanda Lu.

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Llegamos al último álbum que grabó Tim Buckley antes de su penosa muerte. Yendo su producción a una media de álbum por año, no cabía esperar muchas diferencias respecto a lo ya conocido, pero en Look At The Fool observamos que se dirige hacia un tipo de sonido muy determinado, de tal manera que podemos denominarlo como el disco de música negra de Tim Buckley. Para ello, se rodeó de algunos músicos nuevos pero uno de los que no continuó, por desgracia, fue el guitarrista Lee Underwood, quizá innecesario para el sonido que se pretendía conseguir.

 

Podemos pensar en el sonido Filadelfia cuando escuchamos la ambientación musical de la primera canción, ‘Look At The Fool’, donde al principio Tim emite unos agudos muy típicos también de los cantantes de ese estilo. Esta composición es suficientemente imprevisible y con una exquisitez instrumental que todo ello la convierte en un punto fuerte del álbum. También acierta cuando emplea un pegadizo riff que incluso parece algo atonal en ‘Mexicali Voodoo’. Es curioso comprobar cómo Tim servía lo mismo para hacer algo experimental y ahuyentar las visitas en casa que para hacer algo bailable y ameno como ‘Helpless’, sin perder por ello una ferocidad rockera necesaria. Precisamente las ganas de querer hacer algo más bailable es lo que le lleva a imitar la mítica ‘Louie Louie’ para escribir el estribillo de ‘Wanda Lou’.

 

Es el componente rítmico lo que salva canciones menos originales como ‘Bring It On Up’, ‘Down In The Street’ o ‘Freeway Blues’ porque carecen de gancho melódico. Y es que al menos transmite entusiasmo. Y el caso es que se esfuerzan todos, pero por mucha guitarra eléctrica que se añada a ‘Ain't It Peculiar’ no pueden esconder que se trata de un funk-rock bastante convencional. Otras canciones como ‘Who Could Deny You’ simplemente se dejan llevar en modo jam dentro del nuevo estilo. Nunca podremos saber si este nuevo camino musical era algo circunstancial o fue algo definitivo, aunque probablemente sea lo primero porque en esos años hubo otros músicos blancos que se dejaron seducir por esta música negra (por ejemplo, Eric Burdon) o simplemente se aprovecharon de ella (como cualquier cantante de moda de los que solo saben coger el micrófono).

 

Por desgracia, una sobredosis se llevó a Tim Buckley antes de los treinta años y eso nos privará de alguna sorpresa más que pudiera haber aportado en su veta experimental. Dejará como legado su obra y a su también malogrado hijo Jeff Buckley, quien obtendrá un desmesurado prestigio artístico tras su fallecimiento temprano a los treinta años y tras haber publicado un único álbum, el estupendo Grace (1994). Cuando Radiohead todavía no habían explotado como maestros de la emoción musical en texturas complejas, Jeff Buckley fracasó en ventas pero puso los cimientos para una música que retornara a lo personal y emocional, cuando en esos tiempos los artistas jóvenes en solitario que triunfaban eran productos como Mariah Carey o Alanis Morissette, que hacían pasar gato por liebre. Sin embargo, echando la vista atrás, el loable debut de Jeff Buckley simplemente deja unas expectativas altas que se truncaron por su muerte para un artista que podía haber llegado a ser un Thom Yorke, pero que finalmente acabó dejando una música que podría pasar por demos de los primeros Radiohead. Incluso su sensacional versión de ‘Hallelujah’ de Leonard Cohen ha quedado devaluada con el tiempo por la infinidad de versiones de gran nivel que se pueden encontrar, incluida la del cantaor Enrique Morente. En definitiva, una lástima para la música que padre e hijo vivieran tan poco tiempo.

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