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STEELEYE SPAN

HARK! THE VILLAGE WAIT

Año de publicación: 1970

Puntuación:

Puntuación:

1) A Calling On Song; 2) The Blacksmith; 3) Fisherman's Wife; 4) Blackleg Miner;

5) Dark-Eyed Sailor; 6) Copshawholme Fair; 7) All Things Are Quite Silent;

8) The Hills Of Greenmore; 9) My Johnny Was A Shoemaker; 10) Lowlands Of Holland;

11) Twa Corbies; 12) One Night As I Lay On My Bed.

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Tras la grabación de la obra maestra del folk-rock británico Liege & Lief por parte de Fairport Convention, su bajista Ashley Hutchings se fue de la banda porque su idea era seguir revitalizando el cancionero tradicional mientras que el resto también pretendía crear nuevas composiciones y no ceñirse únicamente a ese enfoque tradicionalista. Así, Hutchings se juntó con otros músicos del circuito folk con las mismas inquietudes y se fundó así el que iba a ser otro de los grupos fundamentales del movimiento. Muy determinante iba a ser la figura de Maddy Prior como cantante, conocida para el gran público por haber participado en algunos álbumes de Mike Oldfield en los setenta, completándose la formación original con Tim Hart y el matrimonio Woods. Estos últimos se marcharían después de este álbum. La batería no será un elemento imprescindible en la carrera de Steeleye Span, pero aquí puede escucharse en casi todo el álbum y por ello se echa mano, según la canción de que se trate, de alguno de los dos mejores dentro del folk-rock británico: Gerry Conway y el gran Dave Mattacks.

 

Lo que esperaríamos escuchar cuando la palabra folk-rock asoma es algo como ‘The Hills Of Greenmore’: agradable, entretenida por los arreglos rock, pero tampoco nada revelador porque lo que menos puede esperarse de la música tradicional es que te muestre algo nuevo, novedoso u original. En caso contrario, una tradición novedosa sería un oxímoron. Pero precisamente el folk-rock trata sobre eso mismo, la adaptación de la música tradicional al lenguaje rock para dotarla de un impulso nuevo y una visión diferente, y Steeleye Span lo lograron en su debut con un resultado impresionante. Aunque el inicio no tiene nada que ver con el rock, sino más bien algo así como las tonadas de trabajo de nuestro país (por ejemplo, la ‘Cançó de trepitjar raïm’ de Maria del Mar Bonet). Pero pocas veces se puede encontrar una canción a cappella con las memorables melodías y la emoción de ‘A Calling On Song’. Es breve porque ha de serlo para no perder su efecto, pero como introducción a la grandeza de este álbum resulta ideal. ‘My Johnny Was A Shoemaker’ es otro tema análogo al ser cantado a cappella pero de menor efecto, aunque es menos contemplativa y de tono más ameno. En ‘Twa Corbies’ los instrumentos únicamente se limitan a marcar un solemne ritmo que la dota de un aire de réquiem, precediendo lo que será uno de los sonidos característicos de la banda en los siguientes álbumes: ritmos sin batería que los acompañe.

 

Es curioso que hayan colocado consecutivamente tres canciones de profesiones tradicionales, como son el herrero, el pescador y el minero. En primer lugar, la sensacional ‘The Blacksmith’ eleva el folk-rock a la categoría de magistral. Ya no es solo el conjunto entero y la fascinante voz de Prior liderándolo, sino que fijarnos por separado en cada uno de sus elementos es una verdadera delicia: la hipnótica melodía de la mandolina, las activas líneas de bajo, la cambiante batería… El prodigio que consiguen aquí los arreglos de rock se evidencian más cuando escuchamos la segunda versión más relajada de esta canción que incluyeron en su segundo álbum, Please To See The King. La fuerza emocional que consiguen en este primer e inmejorable intento es digna de una mención más que especial. Es una sensación como de nostalgia/tristeza acumulada durante generaciones y transmitida a través de esta música secular, con más ejemplos inolvidables como la expresiva voz de Gay Woods en ‘Fisherman's Wife’, enfatizado su efecto mediante un elaborado acompañamiento instrumental donde no falta un banjo. La bella melodía de ‘Dark-Eyed Sailor’, introducida instrumentalmente, es también interpretada en la parte vocal por Gay Woods, quizá con menos matices de los que aportaría Maddy y por ello durante sus seis minutos se acaba repitiendo demasiado su estructura como para que la voz pueda salvarla.

 

Tras una introducción vocal, llega uno de los ritmos más animados de todo el álbum mediante ‘Blackleg Miner’, cantada en este caso por Hart porque probablemente la voz lírica de Prior no se adapte tan bien a los ritmos rápidos. Hutchings se trae la lección bien aprendida de la adaptación de ‘Matty Groves’ de Fairport Convention y tomando la misma idea crean aquí varios entramados rítmicos más de precisas combinaciones de guitarra, ya que vuelven a practicar algo similar en ‘One Night As I Lay On My Bed’, pero en este caso dándole un toque distintivo gracias a la imprevisible batería de Mattacks. ¡Qué grande era! Aunque el mejor resultado lo consiguen en la memorable ‘Lowlands Of Holland’, de carácter épico y gran emoción.

 

No acaban ahí los momentos de grandeza, puesto que ‘All Things Are Quite Silent’ es de una belleza deslumbrante, todavía más de pensar que se trata de música tradicional y que estos chicos han sabido extraer toda su esencia, cautivando a las nuevas generaciones. No muy lejos se queda ‘Copshawholme Fair’, la cual a los dos minutos se transforma de repente en una danza gaélica basada en instrumentos de percusión propios de esas tierras para finalizar de esa manera tan imprevista.

 

En resumen, estamos ante el fascinador debut de una de las bandas más legendarias del folk-rock británico, en un estilo que paradójicamente no volverán a repetir más, es decir, tanto como para completar un álbum con un sonido tan cercano al rock, como si no estuvieran conformes con lo que habían conseguido. A partir de ahora y durante los próximos años, la batería será un recurso eventual. El matrimonio Woods también saldrá de la banda, lo cual no impedirá que Steeleye Span se regenere y siga revitalizando el cancionero tradicional de las islas británicas.

PLEASE TO SEE THE KING

Año de publicación: 1971

Puntuación:

1) The Blacksmith; 2) Cold, Haily, Windy Night;

3) Jigs: Bryan O'Lynn - The Hag With The Money; 4) Prince Charlie Stuart;

5) Boys Of Bedlam; 6) False Knight On The Road; 7) The Lark In The Morning;

8) Female Drummer; 9) The King; 10) Lovely On The Water.

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La entrada de un violinista y la ausencia de batería (salvo algo de ligera percusión eventual) marcan el cambio estilístico de Steeleye Span en un álbum que define muy bien lo que será el sonido de la banda a partir de ahora. Es evidente que la falta de batería afecta enormemente a cualquier grupo, pero es justo ahí donde Steeleye Span demuestran su habilidad, ya que con el resto de instrumentos consiguen marcar unos precisos y dinámicos ritmos allá donde son necesarios. Así pues, el término folk-rock se les puede seguir aplicando pero en un sentido muy diferente al de otros ilustres contemporáneos como Fairport Convention y Pentangle.

 

No hay mejor modo de comparar el nuevo estilo con el anterior que mediante la primera canción, una regrabación de ‘The Blacksmith’ con arreglos diametralmente opuestos. Mientras en el álbum anterior rezumaba emoción por todos lados, con unos músicos en estado de gracia dotando de expresividad a sus instrumentos (incluida la batería), aquí se ralentiza todo de una manera en la cual solo Maddy Prior consigue mantener el mismo nivel. Así mismo, donde la primera grabación transmitía esperanza a través de su personaje, en esta ocasión solo transmite lamento y frustración. Loreena McKennitt grabará esta canción en su álbum de debut de 1985 de manera análoga a esta segunda versión, lo cual sugiere que aquí estamos ante la manera tradicional de interpretarla. Por tanto, sería una prueba bien clara de la revitalización que suponía el folk-rock respecto al cancionero tradicional y el buen entendimiento que habían demostrado en Hark! The Village Wait y que desafortunadamente no pensaban repetir. Para una canción que encontramos aquí con percusión como ‘Boys Of Bedlam’, se limita a unos pocos golpeos al principio pero luego desaparecen para desarrollarse de manera más rápida y mejor. Sus melodías en las estrofas y el estribillo se acaban volviendo pegadizas.

 

Consiguen darle la vuelta a la música tradicional añadiendo una alta dosis de épica en la memorable ‘Cold, Haily, Windy Night’, donde la ausencia de batería no es ningún problema. Al contrario, el entramado de guitarra, violín y bajo es más que suficiente sustento para que, esta vez, una voz principal masculina transmita toda la fuerza del tema, ayudado por Maddy en diferentes momentos. De similar manera se desenvuelve ‘Female Drummer’, cantada por Maddy con toda su naturalidad y soltura de tal manera que se puede visualizar a la desdichada muchacha que ha sido descubierta cuando cumplía su sueño de ser la tamborilera del ejército. Por otro lado, la delicada y adorable guitarra que lleva el ritmo de ‘Lovely On The Water’ sirve de guía para que Maddy Prior realice una de las mejores interpretaciones vocales de todo el álbum, un verdadero caudal de expresividad y emoción. Estos tres temas son los mejores del disco sin lugar a dudas.

 

Canciones como ‘Prince Charlie Stuart’ o la más olvidable ‘The Lark In The Morning’ mantienen todo el sabor tradicional original con un ritmo más contemporáneo, pero sin dejar de sonar a folk puro y duro. Así que al menos consiguen aportarle interés, igual que ocurre con ‘False Knight On The Road’, donde la guitarra eléctrica y el bajo nos recuerdan que esta entretenida tonada no es un mero ejercicio de revival. Lo que viene a denominarse como jigs (o reels en otros álbumes) es la música tradicional destinada a los bailes, en general liderada por el violín, todo un género en sí mismo que puede gustar más o menos, si bien aquí tampoco aportan nada novedoso mediante ‘Jigs: Bryan O'Lynn - The Hag With The Money’. Es lo que esperaríamos escuchar de algo así. De manera análoga, ‘The King’ es una agradable pieza cantada a cappella para no perder la tradición de incluir alguno de este tipo.

 

Llegados al final, cabe sugerir a quien no se haya sentido especialmente entusiasmad@ con este álbum que quizá sea mejor que no continúe hurgando en la discografía de Steeleye Span. De ahora en adelante es lo que nos vamos a encontrar, de forma más o menos acertada. Pero lo que queda bien claro es que se trataba de un grupo muy por encima de cualquier otro de folk al uso, además de contar con una de las mejores cantantes británicas existentes.

TEN MAN MOP, OR MR. RESERVOIR BUTLER RIDES AGAIN

Año de publicación: 1971

Puntuación:

1) Gower Wassail; 2) Jigs: Paddy Clancey's Jig/Willie Clancy's Fancy; 3) Four Nights Drunk; 4) When I Was On Horseback; 5) Marrowbones; 6) Captain Coulston;

7) Reels: Dowd's Favourite/£10 Float/The Morning Dew; 8) Wee Weaver; 9) Skewball.

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Una peligrosa tendencia afloraba en este nuevo disco de la banda, que no era otra que la de abandonar los arreglos de rock y asemejarse a lo que sería una banda popular de música tradicional. La capacidad de sorprender estaba disminuyendo y eso suponía un problema respecto a la singularidad que debía ofrecer un grupo que había demostrado poseer un talento superior a muchos otros del mismo género. Otro aspecto significativo y de gran calado en el material ofrecido es la, quizá, menor presencia de Maddy Prior en las canciones, pues algunas son directamente instrumentales y la voz principal es masculina en otras. Y eso se nota, tal como puede comprobarse.

 

Tan solo una guitarra y una pausada percusión acompañan la minimalista ‘Gower Wassail’, canción navideña de origen galés que engaña al principio por su extremada lentitud, ya que llegando a los dos minutos los citados instrumentos se animan y la impresión cambia por completo. Y es que los ritmos rápidos son donde mejor sensación causan, como por ejemplo en la animada Skewball que cierra el álbum. De todas formas, demuestran que tienen dominados los tempos lentos y pausados porque, de otra manera, no se podrían aguantar los seis minutos de ‘When I Was On Horseback’, si bien la esplendorosa voz de Maddy Prior es uno de los elementos cruciales para conseguirlo. Es precisamente ella quien eleva ‘Captain Coulston’ a niveles épicos impensables sin su voz, por mucho que la canción también posea una hipnótica instrumentación y una sutil arquitectura rítmica.

 

En ‘Marrowbones’ o ‘Wee Weaver’ no existe absolutamente nada que los diferencie de cualquier grupo de música tradicional sin relación alguna con el rock. Así que solo l@s más entusiastas del género las disfrutarán. Si ese tradicionalismo se lo hubieran reservado solo para los jigs o los reels, como los que se incluyen aquí también, se hubiera entendido mejor. Aunque en esta ocasión el apartado de reels es mucho más entretenido y divertido al tener melodías más expresivas que no sean solo una mera excusa para mover el esqueleto el día de St. Patrick. En cualquier caso, lo más flojo del álbum es justo lo que suena más tradicional y sencillo de todo, que es ‘Four Nights Drunk’, donde la voz de uno de los miembros es acompañado únicamente por un repetitivo violín, aunque al menos en la recta final entran el bajo y la mandolina para salvarla del aburrimiento más absoluto.

 

Así pues, este disco se lleva un aprobado muy justo porque se quedan a un paso de caer en la vulgaridad de lo que podría haber ofrecido cualquier otro grupo de folk-rock. Afortunadamente, hay suficientes detalles de calidad que engrandecen el resultado final, aunque no sea tampoco un álbum para recomendar en detrimento de otros. Tras su publicación, el bajista y fundador Ashley Hutchings saldría de Steeleye Span igual que hiciera de Fairport Convention, pero eso no afectaría al devenir de la banda, como tampoco la salida del guitarrista Martin Carthy. Acababan de comenzar y, aun habiendo dado un paso atrás con este álbum, pronto le dieron la vuelta a la situación.

BELOW THE SALT

Año de publicación: 1972

Puntuación:

1) Spotted Cow; 2) Rosebud In June; 3) Jigs: The Bride's Favorite - Tansey's Fancy;

4) Sheep-Crook And Black Dog; 5) Royal Forester; 6) King Henry; 7) Gaudete;

8) John Barleycorn; 9) Saucy Sailor.

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Sobreponiéndose a los diferentes cambios de miembros y a la salida del fundador Hutchings, la banda mantuvo su enfoque de revisión tradicionalista en base a la grabación de nuevas versiones, sin ninguna composición original. El éxito del single ‘Gaudete’ les debió subir la moral por las nubes, reforzando el camino artístico que habían tomado. Por lo demás, este álbum es una continuación de lo que habían demostrado con anterioridad, pero conjuntando un mayor número de interpretaciones inolvidables que el anterior.

 

Podemos comenzar por lo alto y hablar de un hito del cancionero interpretado por Steeleye Span: ‘Sheep-Crook And Black Dog’ es otra de esas canciones que nos transportan de forma mágica a siglos pasados, envolviéndonos en la sublime voz de Maddy y unas delicadas melodías que encantan los sentidos. La parte central bucólica, cuando empieza cantando “All to my dear Dinah these words did I say” es de un lirismo insuperable, verdadero maná musical. El retorno a la primera parte es la perfecta culminación de esta cumbre de la emotividad que consigue este grupo. Nada lejos se quedan con ‘Saucy Sailor’, de estilo similar y con Prior demostrando nuevamente su maestría vocal, extrayendo la máxima emoción posible de cada canción. Pero no es oro todo lo que tocan, ya que la muy estimada e interpretada por otros artistas ‘John Barleycorn’, aparece aquí en su versión menos excitante al sonar demasiado tradicional y totalmente acústica.

 

Y es que no puede obviarse que Steeleye Span es un grupo de música tradicional, lo cual no es óbice para que puedan conseguir interpretaciones menos vistosas pero con notable resultado, como en ‘Spotted Cow’. En cuanto a ‘Rosebud In June’ es seguramente una canción navideña, cantada a cappella con gusto y estilo. La que sí es un villancico a cappella del siglo XVI y toda una joya de la música antigua es ‘Gaudete’, que sorprendentemente se convirtió en un éxito para la banda tras publicarse como single. Lo que no se entiende es la producción, esa decisión de que haya un extenso fade-in y otro extenso fade-out, de tal manera que a volumen normal no llegamos a escuchar ni un minuto completo, como si hubieran querido dar una sensación igual a si les estuviéramos viendo caminar delante de nosotros mientras van cantando.

 

No pueden faltar unos jigs de baile, aunque igual animada pero más interesante resulta ‘Royal Forester’ por su espectacular empleo de la guitarra eléctrica en la manera ya tan característica de Steeleye Span. Todavía más emocionante es ‘King Henry’ al dotarla de una épica especial con su parte vocal, liderada por el nuevo guitarrista que había entrado en el grupo (Bob Johnson). Además, el efecto de la voz coral de Prior apareciendo en un segundo plano es deslumbrante, así como los sensacionales intermedios instrumentales donde no se puede conseguir mayor fiereza con un entramado instrumental de corte tradicional. Dura siete minutos pero pasan muy rápido por su dinamismo y la manera en que está estructurada.

 

Junto a su debut, este álbum es lo más grande que ha hecho Steeleye Span y el motivo por el que puede suscitar el interés de cualquier persona, sin necesidad de que el oyente sea un inglés enamorado de la música tradicional de su nación. Los momentos sublimes que posee este álbum pueden equipararse a otros momentos sublimes que pueden encontrarse en la música clásica. Igual que nos podríamos imaginar a Maddy Prior cantando la ópera Carmen, podríamos imaginarnos a Teresa Berganza extrayendo lo mejor de este cancionero tradicional. Para enamorad@s del lirismo musical.

PARCEL OF ROGUES

Año de publicación: 1973

Puntuación:

1) One Misty Moisty Morning; 2) Alison Gross; 3) The Bold Poachers;

4) The Ups And Downs; 5) Robbery With Violins; 6) The Wee Wee Man;

7) The Weaver And The Factory Maid; 8) Rogues In A Nation;

9) Cam Ye O'er Frae France; 10) Hares On The Mountain.

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La participación de Steeleye Span en la grabación de música antigua escocesa para una obra teatral de Robert Louis Stevenson les llevó a interesarse por el cancionero tradicional escocés, de tal manera que ya tenían material de primera mano para comenzar a trabajar en un nuevo disco. En cuanto al apartado musical, el protagonismo de Maddy Prior es bastante escaso, lo cual es un evidente error, si bien en este caso el nivel de las interpretaciones es tan bueno que tampoco se le echa más en falta.

 

Como ya era costumbre, la poca percusión que podemos encontrar es cortesía del bajista Kemp, otro de los errores de Steeleye Span que suplen con la calidad de las interpretaciones. Una de las pocas canciones con batería es ‘The Wee Wee Man’, pero vaya si aciertan cuando introducen percusión en las canciones, pues aquí enfatiza las épicas melodías de guitarra para complementarlas a la perfección con una memorable parte vocal a dos voces. No es casualidad, por tanto, que ‘Cam Ye O'er Frae France’ sea otro de los temas punteros del álbum, en este ocasión con Prior como cantante principal y unos eventuales trallazos de guitarra eléctrica que incluso amedrentan. Es como un tema psicológico donde saben crear un estado de tensión continuada. Cabe señalar también que es una de las canciones escocesas incluidas en el álbum, como lo es igualmente ‘Rogues In A Nation’, que es el lamento de los escoceses por la unión con Inglaterra, recogido e interpretado aquí en toda su amargura. La letra es un poema de Robert Burns, una de las figuras más importantes e influyentes de Escocia a finales del siglo XVIII. Los Steeleye Span le dieron la suficiente importancia como para inspirar el título del álbum, aunque ellos fueran ingleses.

 

Alison Gross’ es otra de esas joyas donde saben extraer el mejor resultado posible del empleo de la guitarra eléctrica y el bajo como únicos instrumentos, a lo que se añade una memorable parte vocal donde Maddy sabe estar en un segundo plano para engrandecer el canto con algunas armonías. El grupo sabe emplear los instrumentos de rock con acierto y mesura y encontramos así diversos ejemplos como la guitarra con efectos de distorsión en ‘One Misty Moisty Morning’, que es todo un puntazo, aunque luego desaparece y se pierde buena parte del encanto, mientras que la clave de la balada ‘The Bold Poachers’ para conseguir un resultado notable es el sabio empleo del bajo. Para constatar que nos encontramos ante un grupo de folk-rock muy importante dentro del género por su carácter innovador, tenemos un buen ejemplo en el instrumental ‘Robbery With Violins’, donde los instrumentos eléctricos consiguen unos aires casi psicodélicos, toda una extravagancia pero muy interesante de escuchar. Por otro lado, aunque comienza de manera más contemplativa y convencional, ‘The Weaver And The Factory Maid’ toma brío en su desarrollo más ágil y dinámico.

 

Cantada al principio a capela, ‘The Ups And Downs’ no se aparta de su enfoque tradicional más puro y por ello es de lo más discreto de este álbum. La final ‘Hares On The Mountain’ tampoco es que destaque mucho, pero al menos posee una agradable coda instrumental como colofón, si bien la flauta suena por momentos algo amateur. Son momentos más discretos que no deben empañar la buena imagen que se transmite en general. Una vez acabado este recomendable álbum, un@ puede preguntarse: ¿hasta cuándo podrán seguir consiguiendo estas excelentes obras? Echar mano del cancionero tradicional tiene sus limitaciones obvias, presuponiendo que habrá un día en el que ya no queden suficientes composiciones diversas como para seguir sonando originales dentro de las restricciones obvias de este enfoque artístico. La originalidad se irá perdiendo inevitablemente, pero durante los setenta iban a mantener el tipo con suficiente decoro, como iremos viendo.

2020

NOW WE ARE SIX

Año de publicación: 1973

Puntuación:

1) Seven Hundred Elves; 2) Drink Down The Moon; 3) Now We Are Six;

4) Thomas The Rhymer; 5) The Mooncoin Jig; 6) Edwin; 7) Long-A-Growing;

8) Two Magicians; 9) Twinkle Twinkle Little Star; 10) To Know Him Is To Love Him.

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2020

El título de este álbum hace referencia, aparte de a una de las canciones, a la formación del grupo como sexteto tras la incorporación permanente de un baterista, ya que a partir del segundo álbum la batería solo se empleaba circunstancialmente. Esto lleva a catalogar Now We Are Six como un disco rockero o más propio del rock que del folk, cuando en realidad es lo mismo que habían estado haciendo siempre y, por supuesto, hay bastantes canciones que se alejan del lenguaje del rock. No obstante, lo más sorprendente es encontrar como productor a Ian Anderson (Jethro Tull), si bien su implicación parece que fue muy escasa, ya que los propios Steeleye Span ya tenían suficiente experiencia para tomar las riendas del estudio.

 

En todo caso, saben que la primera impresión cuenta mucho y por ello toda la vitalidad del rock aflora en ‘Seven Hundred Elves’, añadiendo algunos cambios de ritmo que la convierten en una buena manera de comenzar el álbum. Esa épica tradicional del folk que los grandes músicos saben trasvasar al lenguaje del rock la encontramos aquí nuevamente en ‘Drink Down The Moon’, devota quizá de otras piezas anteriores interpretadas por el grupo, pero de gran impacto y con un inesperado cambio de ritmo que convierte su recta final en un tema casi de baile. Nada detrás se quedan con ‘Thomas The Rhymer’, donde alternan unas memorables estrofas rockeras con pasajes de tranquilidad absoluta y un jovial estribillo. En ‘Edwin’ podemos escuchar algo de banjo, pero lo que más destaca es un prominente batería que puede resultar algo monótona e incluso incómoda, demostrando que añadir batería o arreglos eléctricos no es la panacea ni una fórmula magistral. De hecho, el momento más lírico y mejor de la canción llega transcurridos los tres primeros minutos, cuando podemos escuchar la voz etérea de Maddy (aunque también se escuchen los susurros aduendados de otro compañero) por unos breves instantes. Ella es la protagonista de ‘Long-A-Growing’, una tranquila balada donde muestra, como siempre, su buen hacer como vocalista.

 

Lo que no se entiende es la inclusión de algunas piezas que incluso no llegan ni a la categoría de demos. Una de ellas es la canción que da título al álbum, una nana cantada por Maddy acompañada de un piano amateur. Menos mal que tampoco dura demasiado. Más de lo mismo es la nana ‘Twinkle Twinkle Little Star’, que en este caso ya parece una falta de respeto al oyente, quien habrá escuchado interpretaciones iguales o mejores por parte de algún familiar cuando era pequeño y se iba a dormir. No se acaba aquí la inmadurez, ya que ‘Two Magicians’ suena como si estuviera destinada a un público infantil, aunque en realidad es una historia para niños/as. Así que simplemente han mantenido la idea inicial, pero esa no es la misión de un grupo de folk-rock. Sin embargo, de esta manera comenzarían a adoptar ese estilo desenfadado como un recurso recurrente, lo cual saldrá reforzado en el futuro con el éxito de ‘All Around My Hat’.

 

Toda la originalidad y naturalidad que demuestran en la modernización de la música tradicional británica se pierde por completo cuando interpretan una canción más contemporánea del otro lado del Atlántico. Nos puede parecer muy bien que tengan el derecho de incluir una versión de la balada ‘To Know Him Is To Love Him’ compuesta por Phil Spector, la primera vez que se alejaban del cancionero popular anglosajón, pero no podemos aceptar que lo hagan de una manera tan previsible e inútil salvo para rellenar espacio. Ni siquiera mejora nada que participe David Bowie por sorpresa tocando el saxofón. Por otro lado, no puede faltar alguna pieza directamente de baile, como es ‘The Mooncoin Jig’, una manera fácil también de completar espacio en el vinilo.

 

Haciendo un recuento final, ese tono infantiloide de algunos temas junto a la innecesaria versión del tema de Phil Spector le restan credibilidad a este álbum, que sin embargo posee dos temas bien potentes como ‘Drink Down The Moon’ y ‘Thomas The Rhymer’, que luego quedan difuminados entre tantas grabaciones superfluas. No debieron ir tan rápidos a la hora de grabar un nuevo álbum, puesto que queda entre lo más flojo que publicaron en su década dorada de los setenta. Quizá por ello se esperaron más tiempo para grabar el siguiente disco, que la inspiración a veces tarda en llegar.

COMMONERS CROWN

Año de publicación: 1975

Puntuación:

1) Little Sir Hugh; 2) Bach Goes To Limerick; 3) Long Lankin; 4) Dogs And Ferrets;

5) Galtee Farmer; 6) Demon Lover; 7) Elf Call; 8) Weary Cutters; 9) New York Lovers.

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Bajo un título que podría sugerir una perspectiva histórica, abordaron este nuevo álbum donde encontramos más de lo mismo: música tradicional implementada con instrumentos de rock. Parece que habían asumido la necesidad de disponer de batería para fortalecer el sonido, aunque en algunas canciones lo olvidan conscientemente. En realidad, el título del disco es una referencia a la figura de la portada, una corona moldeada con figuritas humanas.

 

El comienzo no puede ser mejor mediante ‘Little Sir Hugh’, pues ya en el principio nos presentan su memorable estribillo que luego no se ve desmerecido por unas emotivas estrofas donde la voz de Maddy suena tan maravillosa y expresiva como siempre. La épica tradicionalista reaparece en todo su esplendor en ‘Long Lankin’ con una Prior en estado de gracia para una pieza multiparte que pierde fuelle en la sección que llega a partir de los tres minutos, más enérgica pero donde Prior pasa a un segundo plano y las melodías son también más convencionales. Pasados los seis minutos retornan a la primera parte épica y todo se arregla un poco.

 

Un momento… ¿Pero qué tenemos aquí? ¡Una composición original de Steeleye Span, no es posible! Una vez se nos pasa la sorpresa, comprobamos que no es para tanto. El jocoso título de ‘Bach Goes To Limerick’ define muy bien lo que vamos a escuchar, pues en primer lugar escuchamos de forma casi imperceptible un sonido de corte clásico (quién sabe si de Bach o solamente inspirado en él) para luego pasar de forma súbita a un jig gaélico del cual resulta dudosa su originalidad. Este grupo parecía no ser capaz de componer algo original ni aunque su vida dependiera de ello, aunque ya demostraban suficiente originalidad en los arreglos para modernizar la música tradicional. Esa manera de comenzar con un volumen más bajo de lo normal que habían probado por primera vez en ‘Gaudete’ es aquí repetida en más ocasiones. Es el caso de ‘Demon Lover’, que se basa en el contraste entre unas relajadas estrofas y un jovial estribillo.

 

‘Galtee Farmer’ no suena mal, pero a estas alturas ya es lo mismo de siempre, mientras que ‘Dogs And Ferrets’ es un mero canto vocal y coral prácticamente a cappella, con una cierta complejidad pero poco atractivo. Más canónica en ese sentido es la similar ‘Weary Cutters’, que pasa muy discretamente para enlazar con la alegre ‘New York Girls’, una tonada de las que invitan a participar gracias al repetitivo pero pegadizo estribillo, una canción al estilo de ‘Million Dollar Bash’ de Bob Dylan, de la cual ya realizaron una gran versión los Fairport Convention. Igual que hicieran estos últimos, en ‘New York Girls’ se van turnando para cantar las estrofas cada uno de los miembros, mientras que Maddy se reserva el estribillo. Pero lo más curioso es la participación del actor Peter Sellers para tocar el ukelele. La manera de cantar de Maddy en ‘Elf Call’, que podríamos definirla como si fuera un autómata, le hace perder expresividad, un error subsanado durante el estribillo que lo arregla un poco, pero por lo demás podrían pasar por ser un grupo alemán de folk-rock.

 

No hay mucho que decir de este álbum porque todo lo que tenía que aportar este grupo ya lo había hecho unos años atrás. Aquí simplemente se mantienen en esa delgada línea roja que separa lo interesante de lo repetitivo, todavía cayendo en el lado bueno gracias a algunas potentes melodías vocales. Pero como ya se dijo en alguna ocasión aquí, el cancionero tradicional tiene sus límites.

ALL AROUND MY HAT

Año de publicación: 1975

Puntuación:

1) Black Jack Davy; 2) Hard Times Of Old England; 3) Cadgwith Anthem; 4) Sum Waves;

5) The Wife Of Ushers Well; 6) Gamble Gold (Robin Hood); 7) All Around My Hat;

8) Dance With Me; 9) Batchelors Hall.

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Mediante este álbum llegamos al cénit de popularidad de Steeleye Span, a pesar de tener una portada que podría competir en un concurso de portadas más horrorosas de la historia (aunque tampoco se llevaría el premio). En realidad, lo que aplicaron fue la técnica de la anamorfosis, inmortalizada en el cuadro del siglo XVI de Hans Holbein el Joven, titulado Los embajadores, famoso por la calavera distorsionada con esta misma técnica que aparece en la parte inferior. La canción que da título al álbum es una de las más recordadas de la banda pero simplemente porque sirve para que cante y baile tanto el niño, como el padre, como la abuelita. Personalmente he realizado la prueba de preguntar por este grupo a personas inglesas de cierta edad (ninguna de ellas melómana) y tan solo pude obtener como respuesta positiva una persona que me citó justamente ‘All Around My Hat’. Es una encuesta escasa y sesgada la mía, pero sirve de ejemplo de cómo imprimir un ritmo de rock a la música tradicional permite dar a conocerla al gran público.

 

La verdad es que, para ser un grupo inglés que rescata el cancionero tradicional, estaban tardando en cantar algo relacionado con Robin Hood, el famoso personaje de leyenda de Nottingham que impartía justicia mundana en una época en que la justicia no hacía honor a su nombre. Consiguen que ‘Gamble Gold (Robin Hood)’ suene hasta pop y quizá podrían haberse ahorrado la inclusión de la flauta amateur. En cualquier caso, cuando Steeleye Span se lanzan hacia su vertiente épica, todavía consiguen deleitarnos con la gran ‘Black Jack Davy’, si bien en el estribillo se pierde algo de épica en favor de conseguir un estribillo pegadizo y cantable. El instrumental ‘Sum Waves’ resulta más emocionante de lo que anuncia con la extensa introducción de violines, pues posee melodías con gancho y, gracias a los instrumentos de rock que entran a partir del primer minuto, alcanza un esplendor que en general sirve de demostración de lo acertado que fue en su momento fusionar la música tradicional con instrumentación eléctrica.

 

Lo que vuelve a ocurrir aquí es que la creatividad va decayendo porque ellos mismos tampoco podían ser eternamente originales en su propuesta, ya que las limitaciones en los arreglos eran obvias. En ‘Hard Times Of Old England’ no se aprecia mayor originalidad que añadir percusión a una tonada antigua, por lo que ya podrían haber añadido alguna variación, tal como sí hacen en ‘Dance With Me’. Es decir, que eso es básicamente la diferencia respecto a una pieza directamente a cappella como ‘Cadgwith Anthem’, la cual suena a villancico. Mejor idea es colocar una afilada guitarra eléctrica en primer plano en ‘The Wife Of Ushers Well’, siempre que a nadie le haga pensar en que Steeleye Span se han lanzado a tocar rock duro. Después se desarrolla de manera más calmada, pero posee varios cambios de ritmo y un espectacular juego de voces en el estribillo como para ensalzarla sobre el resto de temas. Únicamente juega en su contra que los intermedios instrumentales suenan demasiado convencionales, es decir, como lo que esperamos escuchar de cualquier banda de folk-rock sin ningún toque especial.

 

Lo más destacable de ‘Batchelors Hall’ es su solemne estribillo donde las voces llegan a registros épicos, por lo que es una acertada manera de finalizar este álbum, el de mayor éxito en la historia de Steeleye Span. Éxito en el Reino Unido, claro está, porque esta música es difícilmente exportable a otros países que ya tienen su propia música tradicional. Pero en el Reino Unido llegó a un meritorio séptimo puesto, una pequeña recompensa para un grupo que había hecho lo mejor de su carrera unos años antes.

ROCKET COTTAGE

Año de publicación: 1976

Puntuación:

1) London; 2) The Bosnian Hornpipes; 3) Orfeo/Nathan's Reel; 4) The Twelve Witches;

5) Brown Girl; 6) Fighting For Strangers; 7) Sligo Maid; 8) Sir James The Rose;

9) The Drunkard.

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Asentados en un relativo éxito en su país, los Steeleye Span proseguían su rastreo del cancionero tradicional pero esta vez con una novedad bien importante que no estaba referida a ningún cambio en la formación (para una vez que tenían éxito comercial, mejor disfrutarlo unidos). La novedad es que aquí encontramos nada menos que tres composiciones originales, todo un hito para este grupo aunque, como cabe esperar, no se alejan del mismo estilo que habían estado haciendo todos estos años.

 

La primera de las composiciones originales es ‘London’, donde se aúna el canto casi a cappella con otra sección jovial al estilo de las tonadas de baile tradicionales. Como anuncia su título, ‘Orfeo/Nathan's Reel’ se divide en dos secciones bien diferenciadas, siendo ‘Orfeo’ la que brilla al ser una emotiva canción que fluye con emoción en base a unas voces corales lideradas por Maddy. La única pega es que el estribillo comienza con un fabuloso primer verso (“And he took out his harp to play”), pero luego se desarrolla de una manera extraña que arruina toda la perfecta ambientación creada previamente. El reel que llega en su último minuto y medio está ejecutado únicamente por el violín, motivo por el cual no causa ninguna impresión especial. Este tema viene precedido por la tradicional y alegre ‘The Bosnian Hornpipes’, un breve interludio a cappella. La tercera pieza original del álbum es ‘The Brown Girl’, cuyo comienzo es también brillante pero no mantiene luego el mismo nivel, sobre todo por el recurso fácil de hacer el estribillo medio recitado.

 

Donde sí consiguen cautivar desde el principio hasta el final es en ‘The Twelve Witches’, pues posee los mejores ingredientes de la música de Steeleye Span y además varios cambios de ritmo que en este grupo son toda una bendición. Sin embargo, cuando más se acercan al rock es en el inicio y algunos de los arreglos instrumentales de ‘Sir James The Rose’, pues la guitarra eléctrica cobra protagonismo con potentes acordes. Maddy Prior vuelve a ser esencial en este álbum y lo demuestra por ejemplo en su papel en ‘The Drunkard’, la cual no naufraga como mera balada acústica de arreglos convencionales (quitando sus desastrosos primeros minutos de broma) gracias a su delicado y expresivo canto.

 

Lo más cerca que se podía haber acercado el folk al futuro hip-hop lo podemos encontrar de forma pionera en la extraña ‘Fighting For Strangers’, pero desafortunadamente es lo único interesante que se puede encontrar en una canción donde las voces y la percusión no encajan para nada. Y si queremos escuchar cómo sería el folk mezclado con la música disco, seguro que nos saldría algo similar al instrumental ‘Sligo Maid’, gracias a la marcada percusión y un rasgueo especial de guitarra que parece adentrarles en terrenos casi extravagantes de disco-folk. Ideal para bailar en pistas de baile de Cropedry. Sin embargo, donde vuelven a meter la pata hasta adentro es al incluir música tradicional estadounidense en forma de cachondeo en el estudio, de tal manera que los primeros minutos de ‘The Drunkard’ parecen una tomadura de pelo.

 

Lo más significativo que puede señalarse de este álbum es que salen ganadores en el intento de crear composiciones originales. Es decir, no hacen nada que no hubiéramos escuchado con anterioridad, pero sí podían confiar en poder valerse por sí mismos en caso de no encontrar nuevo material que adaptar en el cancionero tradicional. De todas formas, en el próximo álbum de estudio no habrá ninguna composición original, pero sí recurrirán a ello en los siguientes años. Y bueno, a nivel cualitativo seguían a un nivel aceptable y suficiente para proporcionar algunas interpretaciones de interés.

STORM FORCE TEN

Año de publicación: 1977

Puntuación:

1) Awake, Awake; 2) Sweep, Chimney Sweep; 3) The Wife Of The Soldier; 4) The Victory;

5) The Black Freighter; 6) Some Rival; 7) Treadmill Song; 8) Seventeen Come Sunday.

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Seguía el largo viaje de Steeleye Span por la música tradicional británica con algunas novedades para no desaprovechar el factor sorpresa. En la formación, sorprendía la decisión de prescindir del violinista, siendo este instrumento en principio esencial para la música tradicional. A cambio entraba un acordeonista, pero cambiar un instrumento no significaba una variación significativa respecto al sonido desarrollado. También el guitarrista Johnson fue sustituido por el más prestigioso Martin Carthy, aunque ya sabemos que la guitarra en Steeleye Span no suele colocarse en primer plano. En cualquier caso, la buena noticia de este álbum es que podemos escuchar dos canciones de la insuperable pareja Bertolt Brecht y Kurt Weill, un gran dramaturgo y un gran músico que aunaron esfuerzos para crear una música de primer nivel y con impacto social en los duros años del inicio y auge del nazismo.

 

No hay composiciones originales y el resto de temas prosigue con la senda tradicional de siempre. Dejan buena impresión de inicio mediante ‘Awake, Awake’, pues posee las suficientes dosis de épica como para transportarnos a su historia de amor bucólico que podría tomarse como la secuela de ‘The Blacksmith’. En cambio, ‘Sweep, Chimney Sweep’ es una agradable canción a cappella que quizá se haga un poco larga porque los mejores momentos son cuando la voz de Maddy se despega un poco del resto y eso solo ocurre en un par de momentos. ‘Some Rival’ es una olvidable canción acústica y la que suena a más de lo mismo de siempre es la final ‘Seventeen Come Sunday’, cuya segunda mitad es instrumental y más animada, pero aun así no evita la sensación de monotonía al estar ubicada para finiquitar el disco. El tema más largo del álbum, ‘Victory’, lo es en demasía por volverse repetitiva su estructura en la cual alterna unos pasajes extremadamente lentos (que incluyen demasiadas paradas súbitas) con un vistoso estribillo coral. Otro tema que dura bastante para ser folk-rock (seis minutos) es ‘Treadmill Song’, donde no se sabe bien qué pinta el solo desafinado de guitarra que aparece transcurridos dos minutos, aunque tampoco es que su ausencia hubiera supuesto una mejora sustancial.

 

Como ya se ha dicho, lo más interesante de este álbum es que podemos escuchar dos canciones de los inmortales Bertolt Brecht y Kurt Weill. Una es ‘The Wife Of The Soldier’, donde han sustituido la música de Weill aunque la emotiva interpretación de Prior nos hace olvidar ese atrevimiento. La otra canción pertenece a la inolvidable obra de teatro musical La ópera de tres centavos (Die Dreigroschenoper, estrenada en 1928), la cual aunaba una perfecta sátira social con una diversidad musical inaudita y encomiable. En la obra original, ‘The Black Freighter’ (‘Jenny la de los piratas’ para los castellanos) era cantada por el personaje de Polly y nos mostraba a una chica todavía algo ingenua y soñadora, mientras que aquí Maddy Prior cambia por completo el registro para cantar con voz firme y decidida, como si la Polly original, en un giro de final quijotesco, fuera en realidad una persona consciente de su potencial como lideresa segura y sólida. Sobra decir que la grandeza de la composición original ya por sí misma es garantía de éxito, pero los Steeleye Span realizan unos esmerados arreglos añadiendo una mesurada percusión, acordeón e incluso una guitarra eléctrica distorsionada. Obtenemos así una fabulosa actualización de esta imperecedera pieza.

 

Nos queda, pues, un álbum mucho más irregular de lo que venía siendo habitual en los últimos años y que marcará la tónica para lo que queda de carrera del grupo, pues tan solo en directo podrán reverdecer mínimamente los laureles que les proporcionaron un prestigio como nombre importante dentro del nacimiento del folk-rock británico. Todo está ejecutado de manera impecable, pero era inevitable que la originalidad se fuera diluyendo con el tiempo. Aun así, no hay que perderse ‘The Black Freighter’ por ser un intachable homenaje a sus autores.

LIVE AT LAST!

Año de publicación: 1978

Puntuación:

1) The Atholl Highlanders/Walter Bulwer's Polka; 2) Saucy Sailor/The Black Freighter;

3) The Maid And The Palmer; 4) Hunting The Wren; 5) Montrose; 6) Bonnets So Blue;

7) The False Knight On The Road; 8) Rag Doll.

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En su momento este álbum en directo, el primero de Steeleye Span de este tipo, fue publicado como una despedida del grupo y se corresponde con la grabación de un concierto en el mes de marzo. No queda nada claro si su público lo entendió así por el repertorio ejecutado, pues no se trata de una interpretación de sus grandes éxitos, sino que la mayoría de canciones son nuevas. Tan solo tres pertenecen a alguno de los discos de estudio y dos de ellas van unidas.

 

Del que era su álbum más reciente tan solo encontramos un tema, que afortunadamente es el mejor que había, ‘The Black Freighter’, aunque la interpretación es análoga a escuchar el equivalente de estudio. Viene precedido de otro valor seguro como es ‘Saucy Sailor’, perteneciente a Below The Salt, pero no están unidos como parece avisarnos el título conjunto, sino que hay una interrupción para que se inicie ‘The Black Freighter’. También encontramos ‘False Knight On The Road’ de Please To See The King, pero salvo su ostentosa introducción lo demás no llama la atención.

 

Las canciones nuevas en general no son nada del otro mundo y quizá hubiera sido mejor idea recurrir a su ya amplio repertorio acumulado durante casi una década. Por ejemplo, ‘The Maid And The Palmer’ y ‘Hunting The Wren’ son las típicas tonadas tradicionales más movidas para que la gente baile un poco, que para algo se trata de un concierto. La segunda de ellas suena quizá demasiado infantil. Lo único novedoso que aporta el discreto instrumental ‘Bonnets So Blue’ es una percusión que parece hecha con cadenas. Para finalizar el álbum, nos cuelan de nueva una canción estadounidense y además grabada en el estudio: ‘Rag Doll’, que al menos suena agradable pero da la impresión de que estemos escuchando a The Mamas & The Papas en vez de a Steeleye Span.

 

El tour de force y verdadero plato fuerte del concierto, para tratarse de un grupo de este tipo, llega con la monumental ‘Montrose’, toda una suite de folk-rock con diversas secciones de diferente índole donde la mayoría presenta melodías vocales memorables y un brío instrumental como si de verdad el grupo estuviera dando lo mejor de sí sabiendo que no iban a seguir juntos. Al final no se separaron de forma definitiva y pronto seguirían publicando más álbumes, aunque en realidad bien podrían haberlo dejado aquí, pues es tan irrelevante lo que les queda de carrera a partir de ahora que bien podrían haberse cambiado el nombre por el de Steeleye Spam.

SAILS OF SILVER

Año de publicación: 1980

Puntuación:

1) Sails Of Silver; 2) My Love; 3) Barnet Fair; 4) Senior Service; 5) Gone To America;

6) Where Are They Now; 7) Let Her Go Down; 8) Longbone; 9) Marigold/Harvest Home;

10) Tell Me Why.

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Después de una aparente disolución de la banda, poco tardaron en retornar con un nuevo LP de estudio. Volvían además con la misma formación de Rocket Cottage, esto es, de nuevo con el guitarrista Bob Johnson y el violinista Peter Knight, y de igual manera retoman la idea de escribir composiciones originales, esta vez hasta completar la mitad del contenido del álbum. Y no solo eso, pues las canciones tradicionales están adaptadas a un sonido más comercial de tal manera que quedan tan solo trazas del folk original y en pocos casos podría uno imaginarse que no se trata de composiciones originales. En cualquier caso, nadie debe esperar escuchar nada novedoso porque, siendo temas originales o no, todo tiene ese poso inconfundible de folk-rock que los mantiene bien encasillados dentro del género que bien conocen.

 

Un sonido más rockero de lo habitual es lo que nos presentan mediante la canción que da título al álbum, pero todo siempre de los límites preestablecidos para el folk-rock. En ‘Longbone’ hasta se permiten el lujo de incluir un solo de guitarra, toda una novedad aunque no sea nada especial. Quizá sea la única novedad que puede encontrarse en este disco, aparte del apartado compositivo. Tampoco podía exigírseles nada especial cuando ya habían aportado lo suyo a la escena musical en sus años de apogeo. La perfección en el canto coral no se ha perdido, como queda reflejado en la nostálgica ‘My Love’ o en la segunda parte a cappella de ‘Marigold/Harvest Home’, pues en la primera parte de esta última canta Prior a solas, aunque en conjunto no deja de ser una canción devota de las tonadas tradicionales. Precisamente la voz de Maddy es la que consigue que ‘Gone To America’ emocione en su estribillo, olvidando la convencional instrumentación que le acompaña.

 

En ‘Senior Service’ parece que estén emulando a ABBA cuando estos ejecutan un rock clásico. Lo más destacado que tiene es el gancho del último verso del estribillo: “That the Senior Service satisfy”. La referencia a “George, John and Paul” no se entiende bien en el contexto, salvo que lo hayan querido relacionar con la idiosincrasia marinera de Liverpool y al mismo tiempo hayan dejado fuera conscientemente a Ringo (cuyos méritos fueron definitivamente inferiores a los de sus excompañeros de los sesenta). También saben extraer el gancho pop de una canción como ‘Where Are They Now’. Pero en esta época tardía de la banda no podían faltar canciones de relleno, aunque sean de sonido agradable como ‘Barnet Fair’ o en forma de convencionales baladas como ‘Let Her Go Down’.

 

En el tema final, ‘Tell Me Why’, es donde quizá se aprecia mejor la decadencia de Steeleye Span, pues su estructura y desarrollo debería corresponderse con un himno del grupo, pero en cambio la pretendida solemnidad del estribillo queda postiza y forzada, como si quisieran extraer emoción de donde no la puede haber. Que Maddy nunca falle no significa que vayan a ser infalibles. Muy satisfechos con este álbum no debieron quedar ellos mismos, pues seis años tardarán en volver a juntarse para volver a probar suerte sin que nunca más puedan conseguir los resultados de su mejor época.

BACK IN LINE

Año de publicación: 1986

Puntuación:

1) Edward; 2) Isabel; 3) Lady Diamond; 4) Cannon By Telemann; 5) Peace On The Border;

6) Blackleg Miner; 7) White Man; 8) Lanercost; 9) Scarecrow; 10) Take My Heart.

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Tras una larga hibernación y varios álbumes irrelevantes de sus miembros en solitario, volvían a juntarse los Steeleye Span con una sonada ausencia: Tim Hart, uno de los fundadores del grupo, se apartó por completo de la música debido a problemas de salud. De todas maneras, dado el carácter de la música de esta banda, no puede decirse que esta ausencia fuera fundamental. El resto volvía con muchas ganas, tantas que tan solo una de las canciones del disco es tradicional, el resto son composiciones originales donde incluso se atreven con algunos estilos nuevos, si bien con la suficiente ligereza y sin tomar riesgos, que estos chicos tampoco iban de experimentales.

 

En plena década de los ochenta, tampoco podían ser impermeables a las tecnologías de producción del momento, que tantas facilidades daban en el estudio. La percusión programada de ‘Edward’ parece avisarnos de que de Steeleye Span queda el nombre y poco más. Es una aberración que un tema tan plano dure más de seis minutos, pero eso también les libraba de tener que añadir más contenido. En la música tradicional es habitual encontrar canciones extensas en duración, pero cuando un grupo trata de hacer algo similar por sí mismo, ya debe afinar bastante en las melodías para no parecer una imitación estirada de los originales. ‘White Man’ llega casi a los cinco minutos empleando una percusión étnica y unas voces dobladas que, de tan repetidas, se vuelven molestas. Es decir, justamente el efecto contrario que se consigue en los grandes momentos del folk-rock.

 

Maddy Prior como compositora no se había prodigado apenas con anterioridad, aunque en su carrera en solitario sí había compuesto varios temas. Aquí contribuye con tres composiciones, una de ellas es ‘Isabel’, en la que se limita a emular el estilo de agradable folk-rock sin complicaciones que había realizado el grupo en sus últimos años anteriores. Mejor todavía resultan las otras dos, compuestas junto al bajista Kemp. Tanto ‘Take My Heart’ como ‘Lanercost’ recuperan esa épica especial del grupo en sus mejores obras gracias a una parte vocal que transmite verdadera emoción. Una lástima que en esta última la percusión sea programada. El violinista Knight no iba a ser menos e incluye un divertimento titulado ‘Cannon By Telemann’, en el cual se ciñe al estilo barroco sin mayor relevancia.

 

De lo mejor del disco es la nueva versión de ‘Blackleg Miner’, una canción tradicional que ya habían interpretado para su álbum de debut, pero aquí no podría ser más imprevisible puesto que la interpretan bajo un ritmo de funk. Sin embargo, suenan a vulgar grupo de folk-rock en ‘Lady Diamond’ y ni siquiera rock, sino tan solo convencional folk en ‘Peace On The Border’. Para un álbum con tantos momentos bajos u olvidables, no es mucha recompensa encontrar algunos momentos de emoción como los señalados. Pero bueno, quien haya llegado a escuchar hasta aquí es porque algún aprecio siente por este grupo y todavía podrá contentarse con sus aspectos positivos. Estamos ya en la época de irrelevancia de Steeleye Span y ya sabemos lo que nos vamos a encontrar.

2021

TEMPTED AND TRIED

Año de publicación: 1989

Puntuación:

1) Jack Hall; 2) Two Butchers; 3) Padstow; 4) Reels: The First House In Connaught/Sailor's Bonnet; 5) Betsy Bell And Mary Gray; 6) Shaking Of The Sheets; 7) Searching For Lambs;

8) Seagull; 9) The Cruel Mother; 10) Following Me; 11) The Fox.

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2021

Para una banda que ya no podía aportar nada a la escena musical, cualquier excusa podía servir de acicate de cara a unirse de nuevo y volver a grabar lo mismo de siempre. Si nos fijamos en la portada del álbum, en letras pequeñas leemos “A 20th Anniversary Celebration”, una excusa ideal para el retorno porque se cumplían veinte años de la fundación de Steeleye Span (que no de la publicación de su debut), si bien ese motivo quedaba bastante débil porque solo quedaba Maddy Prior de la formación original. El dibujo de la portada puede hacer pensar en El Súperzorro de Roal Dahl (ojalá que ese título hubiera sugerido una parodia del superhombre de Nietzsche), pero en realidad se debe a la última canción del álbum, ‘The Fox’, tan olvidable como casi todo el contenido del disco. En cualquier caso, si nos acordamos de la adaptación de Wes Anderson en 2009 de aquel cuento de Roal Dahl (bajo el título más adecuado de Fantástico Sr. Fox), al zorro lo que le gustaba eran los Beach Boys o Bobby Fuller, no esta mediocre música tradicional para toda la familia, ideal para que las abuelitas puedan enseñarle a los nietos de una manera accesible lo que escuchaban en la verbena del pueblo cuando eran pequeñas.

 

Con el final del párrafo anterior ya casi que podríamos acabar aquí esta reseña. Pero ya puestos, vamos a repasar brevemente algo de lo que nos depara su contenido. ‘Searching For Lambs’ es lo típico que esperaríamos encontrar en los Steeleye Span tardíos porque retoman el estilo de balada tradicional de sus primeras obras y por ello está entre lo mejor del disco. Así que ojalá todo hubiera sido de ese estilo, como mal menor. En ‘Shaking Of The Sheets’ destaca su llamativo estribillo y unas estrofas que muestran garra dentro de la tranquilidad que destilan. En ‘Padstow’ paran la música para cantar un rato a cappella, algo que casi repiten en ‘Betsy Bell And Mary Gray’ al tratarse de una canción cuyos únicos ingredientes son la voz de Maddy Prior y un notable violín, que tampoco sirven para arreglar mucho el resultado final.

 

Podemos asustarnos con razón al comenzar las ‘Reels’ de este álbum porque parece que van a sonar a música disco estilo finales de los setenta. Luego entran los violines y se arregla todo un poco, pero desentonan por completo con el marcado ritmo implementado. El animado ritmo de ‘Seagull’ no esconde el carácter demasiado infantil del apartado vocal, mientras que ‘The Cruel Mother’ es una aburrida pieza tradicional donde no se les ocurre nada mejor que introducir un genérico solo de guitarra eléctrica para llamar la atención. O sea, que mejor que estos temas se hubieran parecido a algo más comercial incluso como ‘Following Me’, que es la típica canción pop con gancho que esperaríamos escuchar de Barbra Streisand cuando se dirige a este público determinado, pero no de un grupo de folk-rock británico. Aun así, está entre lo mejor del disco y cabe destacar su ritmo nada trivial en las estrofas.

 

Estaba claro que esta reunión no tenía ningún propósito artístico para unos músicos que ya se contentaban desde hacía años con permanecer en el circuito musical de folk del Reino Unido gracias a la reputación adquirida en la década anterior. No hay nada que no podamos escuchar en cualquier álbum similar, mucho menos cuando ni siquiera Maddy Prior consigue brillar al nivel que cabe esperar de ella.

THE COLLECTION

Año de publicación: 1994

Puntuación:

1) Blacksmith; 2) The Weaver; 3) Spotted Cow; 4) One Misty Moisty Morning;

5) King Henry; 6) The Fox; 7) Two Butchers; 8) Jack Hall; 9) Canon;

10) Shaking Of The Sheets; 11) All Around My Hat; 12) Tunes; 13) Gaudete.

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Varios años habían transcurrido desde la publicación del último álbum de estudio de Steeleye Span y tampoco es que hubiera ansiedad por escuchar nada nuevo, visto el nivel al que habían caído. Lo que podría suscitar alguna curiosidad es saber cómo sonaban en directo, si había algo que reverdeciera los viejos laureles. Aunque el título de este disco puede llevar a pensar que se trata de una recopilación, en realidad se trata de la unión de un repertorio seleccionado de dos conciertos: los cinco primeros temas son de 1986 y el resto bien actuales, de 1994, lo cual denota que habían mantenido el nombre del grupo activo. Eso sí, los únicos miembros que repiten en ambos conciertos son Maddy Prior y el guitarrista y vocalista Bob Johnson.

 

Respecto al repertorio seleccionado, es bastante previsible y la mitad del concierto de 1994 recoge canciones de Tempted And Tried porque era su álbum más reciente, pero comprobamos que en directo no ofrecen nada en especial, como tampoco en los temas clásicos de su cancionero. La excepción es la excelencia absoluta que encontraremos justo al final con la celestial interpretación de ‘Gaudete’, una prueba para todo grupo coral que se precie y que aquí nos muestra a Maddy Prior en todo su esplendor, la verdadera reina de la interpretación y con unos compañeros que saben secundarla en el estribillo. Extraen toda la majestuosidad y emoción de esta antigua pieza al nivel de cualquier conjunto coral del circuito clásico. Una verdadera joya que al menos nos consuela por haber tenido que escuchar un concierto bastante convencional donde no puede faltar ‘All Around My Hat’, su mayor éxito en el Reino Unido, para que asistamos al momento de interactuar con el público y escuchar cómo lo cantan con júbilo pero sin que posea mayor interés. Las únicas novedades de este álbum son bien prescindibles: ‘Canon’ es un solo de violín que probablemente esté adaptado de alguna pieza de música clásica, mientras que ‘Tunes’ no es más que una serie de tonadas de baile lideradas por el violín.

 

‘Blacksmith’ está interpretada entre una mezcla del estilo de Please To See The King con el de la primera versión de su debut, pues se mantiene el estilo relajado de la segunda versión pero le añaden guitarra eléctrica y sección rítmica. A unos Steeleye Span cuarentones tampoco se les podía pedir mucho más y la interpretación ciertamente queda muy bien. Y bueno, a partir de esta primera interpretación lo que escuchamos es a una banda que muestra por qué se había convertido en irrelevante, pues suena igual a como esperamos escuchar a cualquier otra banda veterana de folk-rock, tanto la formación de 1986 como la de 1994. Mucha felicidad y profesionalidad, pero nada de ese entusiasmo y vitalidad especial que debería aportar el componente rock del grupo, quienes se muestran más enfilados hacia el tradicionalismo del folk que a la energía del rock. Cuando se le da más importancia al violín que a la guitarra, es lo que suele ocurrir. Así que esta música solo puede recomendarse a devotos del folk británico, que tampoco habrá muchos.

TIME

Año de publicación: 1996

Puntuación:

1) The Prickly Bush; 2) Old Maid In The Garrett/Tam Lin (Reel); 3) Harvest Of The Moon;

4) Underneath Her Apron; 5) The Cutty Wren; 6) Go From My Window; 7) The Elf Knight;

8) The Water Is Wide; 9) You Will Burn; 10) Corbies; 11) The Song Will Remain.

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Las reuniones de Steeleye Span obedecían ya a meros ejercicios de nostalgia que no comportaban interés alguno. Por si fuera poco, Maddy Prior tenía problemas de voz y para ayudarle en esas tareas volvió la cantante que estuvo también acompañándola en el primer álbum del grupo, Gay Woods, toda una sorpresa. Pero quizá se preparaban así para la futura baja de Prior como vocalista durante unos años. En el apartado musical, no hay nada novedoso, si acaso que vuelven a recurrir preferentemente al cancionero tradicional, ya con menos ganas de componer que en las últimas entregas.

 

Eso sí, las duraciones en algunos casos son excesivas, con varias canciones sobrepasando los cinco minutos de duración. Esta duración viene justificada cuando se juntan dos temas como ocurre en ‘Old Maid In The Garrett/Tam Lin Reel’, que además son de lo poco salvable de este álbum porque consiguen de verdad sonar contemporáneos a través de material tradicional, con un Peter Knight que brilla con el violín en la segunda parte. Sin embargo, las dos piezas más largas deberían contener algo más de emoción, pero tanto en ‘The Elf Knight’ como en ‘The Water Is Wide’ el único que parece hacer algo más que autosatisfacer sus ganas de tocar/cantar lo que sea es el violinista, pero en esta última canción es todo tan tedioso que se hace eterna.

 

A Maddy la escuchamos con una voz más grave de lo habitual, pero sabe manejarse con dignidad en ‘Underneath Her Apron’ como cantante solista, así como en ‘Corbies’, que es una nueva versión de ‘Twa Corbies’, esta última contenida en su álbum de debut, pero aquí en una versión bastante diferente y marcada por un ritmo incisivo y una parte vocal que suena más reivindicativa. Pero poseer dos cantantes apreciadas no repercute en una música más vistosa, más bien lo contrario. Por ejemplo, el elaborado juego de voces de ‘The Cutty Wren’ queda un tanto desaprovechado porque la canción pasa sin pena ni gloria. Por otra parte, con la idea de modernizar la música tradicional, probablemente se excedan con los arreglos ostentosos de ‘The Prickly Bush’.

 

Es triste comprobar que en la mitad del contenido del disco suenan igual que cualquier grupo vulgar que quisiera tocar este tipo de música (‘Harvest Of The Moon’, ‘Go From My Window’, ‘The Song Will Remain’). Para colmo, en ‘You Will Burn’ parece que busquen una especie de himno intergeneracional que les viene demasiado grande, pues no poseen el carisma suficiente para conseguir algo de ese calibre. No nos podemos imaginar a un público cantando algo así en un concierto de estos Steeleye Span. La gente nunca acudiría a una actuación de ellos para escuchar canciones de Time, sino del repertorio de los setenta, que es por lo que han pasado a la historia.

HORKSTOW GRANGE

Año de publicación: 1998

Puntuación:

1) The Old Turf Fire; 2) The Tricks Of London; 3) Horkstow Grange; 4) Lord Randall;

5) Erin; 6) Queen Mary/Hunsden House; 7) Bonny Birdy; 8) Bonny Irish Boy;

9) I Wish That I Never Was Wed; 10) Australia; 11) One True Love; 12) The Parting Glass.

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Si en el álbum anterior el apartado vocal fue compartido por Maddy Prior con Gay Woods, replicando la pareja de cantantes que tuvo Steeleye Span en sus inicios, aquí ya no escucharemos a Prior. El que quizá era el único motivo para seguir escuchando a esta banda ya no existía (ni existirá en el siguiente álbum). Woods posee una voz más grave y suficientes cualidades para poder liderar un tema con su voz, pero obviamente no tiene la grandeza y el carisma de Maddy Prior. En cualquier caso, el nivel de las interpretaciones es tan vulgar que tampoco se hubiera conseguido mejorar mucho de haber contado con Maddy. De la composición no podemos hablar porque son todo canciones tradicionales, pero también resulta significativo que el grupo ya no compusiera nuevo material.

 

Por si fuera poco, el calificativo de folk-rock comenzaba a quedarse demasiado grande para lo que ofrecían. Precisamente el sustrato de rock de ‘The Old Turf Fire’, con esa sensación de fortaleza contenida, es lo que lo convierte en el único tema destacado de este álbum. Pero no parece que ellos lo percibieran así, o quizá es que lo cómodo era tocar de manera relajada y sin pretensiones, como cualquier grupo folk del montón. Pero claro, para eso no busca uno a Steeleye Span. Aparte, con canciones como ‘The Tricks Of London’ no se sabe si se están dirigiendo a un público más infantil o están pensando en música para acompañar imágenes de series infantiles de animación. Lo que encontraremos aquí son las típicas canciones tradicionales (‘Queen Mary/Hunsden House’, ‘I Wish That I Never Was Wed’, ‘One True Love’) o baladas como ‘Erin’ que transmiten un aburrimiento inmediato porque es lo más típico que podemos esperar y además, en este caso concreto, durante seis largos minutos.

 

Bajo el título de ‘Horkstow Grange’ se esconde un canto a cappella que simplemente les sirve para demostrar la buena conjunción de voces que, por otra parte, ya se presupone en este grupo. Casi a cappella cierran también el álbum mediante ‘The Parting Glass’, pero esta vez con la voz a solas de Gay, que muestra personalidad pero no puede igualarse con la gran Maddy Prior. En cuanto a ‘Lord Randall’, sirve únicamente para comprobar cómo Bob Dylan se inspiró en ella para componer ‘A Hard Rain's A-Gonna Fall’. Sin embargo, sus arreglos simplones, más propios de un grupo de chavales que empiezan a tocar juntos, lo convierten en uno de los numerosos momentos flojos de este álbum. Pero bueno, llegados a este punto, queda claro que Steeleye Span dejó de representar hace muchos años aquello que les llevó a sobrepasar los límites geográficos en los cuales, a priori, estaban restringidos conforme a su género musical.

BEDLAM BORN

Año de publicación: 2000

Puntuación:

1) Well Done Liar!; 2) Who Told The Butcher?; 3) John Of Ditchford;

4) I See His Blood Upon The Rose; 5) Black Swan; 6) The Beggar; 7) Poor Old Soldier;

8) Arbour; 9) There Was A Wealthy Merchant; 10) Beyond The Dreaming Place;

11) We Poor Labouring Men; 12) The Connemara Cradle Song; 13) Stephen;

14) The White Cliffs Of Dover.

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El segundo y último álbum sin Maddy Prior nos muestra a los mismos músicos de Horkstow Grange pero quizá con más ganas de colocarse el aura de rockeros por encima del de grupo folk. De ahí que presenten un mayor énfasis en los entramados musicales más enérgicos y que el baterista invitado (el otrora grande Dave Mattacks) asuma un papel menos superfluo. En cualquier caso, a nivel compositivo este grupo estaba ya muerto y no cabía esperar nada relevante, aunque en algunos momentos lo intentan sin fortuna.

 

Una estruendosa batería nos presenta el propósito de esta versión de Steeleye Span conforme empieza a sonar ‘Well Done Liar!’, complementada con unos fieros acordes de guitarra que nos muestran su vertiente más dura. Ciertamente es de lo mejor que podían conseguir metiéndose en estos terrenos controvertidos, aparte de que en el álbum anterior habían demostrado que dejaban una mejor impresión en las canciones más enérgicas. Es por eso mismo que otro tema como ‘Stephen’ va ganando puntos conforme va incrementado su tono gradualmente. El problema es cuando se pasan de listos y ya quieren parecer una imitación de los Jethro Tull más vulgares, como ocurre en ‘John Of Ditchford’, una composición del bajista Harries dominada por un riff bastante chabacano y un solo de guitarra metalero y horrible que anula cualquier posibilidad de redención.

 

La mejor canción y la mejor compensada en todos los aspectos es la tradicional ‘There Was A Wealthy Merchant’, cuya solemnidad envuelve al oyente y la delicadeza de la parte vocal hace el resto con emotivas melodías que hacen que este tema no decaiga en ningún momento durante sus cinco minutos. Por lo demás, encontramos lo que esperaríamos de cualquier grupo similar del montón con temas como ‘The Beggar’ o ‘We Poor Labouring Men’, la cual presenta un buen comienzo pero acaba resultando monótona, así como un puñado de flojas baladas: ‘Who Told The Butcher?’, ‘Poor Old Soldier’ o ‘Beyond The Dreaming Place’, aunque esta última la intentan salvar con un desaforado solo de guitarra que de poco sirve.

 

Se echa de menos a Maddy Prior en canciones como ‘I See His Blood Upon The Rose’, pues su ritmo contenido puede acabar resultando monótono y el apartado vocal debería darle el salto de calidad necesario. Tal como anuncia su título, ‘The Connemara Cradle Song’ es una nana que está muy bien implementada en el sentido de que induce al sueño rápidamente por el tedio que produce, mientras que en ‘Black Swan’ se cuelan por sorpresa en un sonido clásico y mozartiano, lo cual supone un alivio.

 

Se atreven a acabar en modo experimental con la versión de una vieja canción de los años cuarenta titulada ‘The White Cliffs Of Dover’, con unos arreglos y efectos de sonido que provocan rechazo en repetidas ocasiones por la flagrante falta de originalidad que demuestran cuando pretendían lo contrario. Incluso se atreven a incluir piezas recitadas, que en el caso de ‘Arbour’ y su sencillo piano queda aceptable. Pero en conjunto la sensación que transmiten es la de un grupo cansado y sin ideas, que únicamente puede basarse en lo ya conocido para intentar ofrecer algo de pasable factura, que ni siquiera consiguen en la mayor parte del álbum. Se acababa aquí esta versión de Steeleye Span que nunca debió de existir.

THEY CALLED HER BABYLON

Año de publicación: 2004

Puntuación:

1) Van Diemen's Land; 2) Samain; 3) Heir Of Linne; 4) Bride's Farewell;

5) They Called Her Babylon; 6) Mantle Of Green; 7) Bede's Death Song;

8) Diversus And Lazarus; 9) Si Begh Si Mohr; 10) Child Owlet;

11) What's The Life Of A Man?.

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Nos saltamos aquí un doble álbum titulado Present en el que los retornados Steeleye Span (nuevamente con Maddy Prior, Peter Knight y Rick Kemp) regrabaron temas de su cancionero, ya que podemos temblar ante semejante idea. Así pues, They Called Her Babylon suponía el retorno de la banda propiamente dicho con nuevo material bajo el brazo. No puede decirse que vuelvan precisamente con un sonido fresco, si bien eso tampoco había sido nunca su juego. Pero el componente de rock está ahí y eso siempre es de agradecer, pues la peor noticia para este tipo de grupos es que se transformaran en meros ejecutantes de los estilos tradicionales.

 

Como no podía ser de otra manera, se reservan una introducción llamativa para comenzar el álbum mediante ‘Van Diemen's Land’, de vistosas estrofas y un tramo final instrumental donde se permiten desplegar con gusto su estilo de folk-rock característico. Aunque si se tratara de la misma historia, es mucho mejor dirigirse a la versión que grabaron Shirley Collins and The Albion Country Band en su recomendable álbum No Roses. Nuevamente vuelven a asemejarse a Jethro Tull en ‘Samain’, aunque esto parece casi una inercia cuando en un entramado rock se introduce un riff de aires orientales más que de tradición céltica, pero al menos que no les salgo algo tan vulgar como ‘Diversus And Lazarus’. También llama la atención la potente introducción del tema que da título al álbum, si bien su desarrollo posterior es más convencional. Por otro lado, un interesante entramado instrumental con una agradable guitarra en primer plano es lo que define ‘Bride's Farewell’, que quizá acabe resultando un poco monótona con las consiguientes escuchas.

 

El título céltico de ‘Si Begh Si Mohr’ no es más que un olvidable instrumental, mientras que ‘Mantle Of Green’ es como escuchar a tu tía cantar una canción tradicional con su guitarra acústica de la que sabe tocar tres acordes, como tampoco convence la balada lacrimógena final, ‘What's The Life Of A Man?’. La única canción donde demuestran gusto y un saber aplicar de una manera loable su experiencia en el folk-rock es en la alegre ‘Heir Of Linne’, pues contiene melodías vocales con gancho y un estribillo instrumental donde aparece una agradable melodía de violín, todo lo cual permite que soporte su repetición estructural a lo largo de casi siete minutos. También convence la emoción que transmiten en ‘Child Owlet’, incluido el primer y vibrante solo de guitarra que escuchamos.

 

Este escaso contenido de interés vuelve a resultar muy poca recompensa y tan solo podrá satisfacer a los verdaderos fans, porque para el resto no es más que un disco de los que podrán encontrarse a puñados en una tienda de Middlesbrough. Por tanto, aquí dejamos la discografía de este grupo, a estas alturas ya irrelevante y sin interés en descubrir lo que hicieron después.

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