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EXTREMODURO

2026

SOMOS UNOS ANIMALES

Año de publicación: 1991

Puntuación:

1) Tu corazón; 2) La canción de los oficios; 3) Quemando tus recuerdos;

4) V Centenario; 5) J. D. La central nuclear; 6) Ni príncipes ni princesas;

7) Perro callejero; 8) Desidia; 9) Resolución; 10) Necesito droga y amor.

E Somos unos animales.jpg

2026

Representantes de una nueva clase de rock que ellos bautizarán como rock transgresivo, el primer álbum de la banda fue publicado en 1990 con el título de Tú en tu casa, nosotros en la hoguera. Tras una disputa con su primer sello discográfico, pudieron encontrar otra compañía y acabaron abjurando de ese primer álbum para que la anterior discográfica no siguiera lucrándose con él, de tal manera que volvieron a regrabarlo y actualizarlo para ser publicado en 1994 bajo el nombre de Rock transgresivo. Aquí también se obviará aquel primer lanzamiento, pues ya sabemos cómo históricamente los managers y las empresas discográficas, como cualquier empresa privada, han buscado engañar a los artistas con contratos abusivos que estos no podían entender, aprovechándose así los directivos de la ingenuidad propia de la juventud o de la necesidad de intentar vivir de la música. Eso mismo lo podemos traspasar hoy día a conciertos cuya entrada tiene un coste excesivo porque buena parte de ese dinero no va a los músicos, se lo quedan los aprovechados/intermediarios. Así pues, comenzaremos nuestra andadura con Somos unos animales, el primer álbum de Extremoduro en la discográfica DRO. Ya han cogido suficiente experiencia y a eso se le ha de sumar un talento innegable, no sólo en las letras de Robe, sino también en el apartado instrumental, implementado composiciones con diferentes secciones que los elevan por encima de cualquier grupo de rock duro del montón.

 

Comienza el álbum con un buen ejemplo del talento de la banda. Tras una extensa introducción de guitarra de casi un minuto, entra el sensacional riff principal de ‘Tu corazón’ y pronto empieza a cantar Robe sus letras callejeras, duras y directas, en este caso la expresión emocional de un protagonista errático, drogadicto e impulsivo; un carácter recurrente en el cancionero de Robe Iniesta. Llegando a los tres minutos hay un cambio de ritmo y el sonido se endurece, en una transición al estilo de Black Sabbath que nos adentra en la segunda parte de la canción, más afilada que la primera. El grupo cuida las composiciones con todo detalle, desde el principio hasta el final. De esta manera, una extraña introducción de guitarra distorsionada, inesperada en una banda como Extremoduro, sirve de introducción para ‘La canción de los oficios’, implementada como si fuera una especie de himno para entonar en un bar, rodeado de amistades y de cervezas. No es menor sorpresa encontrar un piano de estilo honky-tonk durante el estribillo, pero lo que ha de ser destacado son sus precisos y potentes solos de guitarra. No todo el álbum estará a tan buen nivel, pero sí en su mayor parte. ‘Perro callejero’ es más convencional y se salva por su notable solo de guitarra.

 

Bajo una especie de reggae blanco está implementado ‘Quemando tus recuerdos’, una balada que deja descolocado cuando empieza el estribillo y Robe canta “Voy a hacer un tambor de mis escrotos”. Dura casi seis minutos porque hacia la mitad, de forma inteligente, se transforma en un punk que se irá desquiciando cada vez más hasta el final. Por otra parte, el título de ‘V centenario’ está referido a que en 1992 se iba a celebrar el quinto centenario del descubrimiento de América. Robe se muestra bastante comedido en la letra, pero acaba diciendo en el estribillo: “Celebrando masacrar las mujeres y los niños por igual”. El cachondeo puro llega con la jota de ‘J. D. La central nuclear’, algo que ya habían hecho previamente en aquel álbum de debut denostado, en la canción ‘Extremaydura’. En ambas canciones acaban pasándose al rock, en este caso más bien punk por la manera tan tosca y nada atrayente con la que escuchamos riffs simplones y berreos. Por el contrario, ‘Ni príncipes ni princesas’ es un pop-rock más comercial, donde lo mejor es nuevamente el cambio que se produce transcurrido el ecuador del tema, con un cambio de ritmo y la entrada de un incisivo órgano acompañando al resto de instrumentos, hasta retomar la sección principal con más brío si cabe.

 

Bajo un ritmo de swing se inicia ‘Desidia’, más agradable en su pop guiado por un elaborado riff de guitarra que, antes de llegar al primer minuto, torna en un rock transgresivo arquetípico de la banda con un mensaje de libertad que suscribiría Henry Miller en sus primeros versos (“Quiero comer donde me entre hambre / Quiero dormir donde me entre sueño”), pero no en lo de “follarte en sueños”, pues él era más de hacerlo en persona y con quien se presentara, si bien en su trilogía de La crucifixión rosa sí nos habla profusamente sobre sus sueños, quién sabe si con la intención de rellenar espacio con facilidad, que los sueños son una carta blanca para los escritores, por lo cual no deberían abusar de ese recurso. Volviendo a la canción, pasados los tres minutos vuelven a sorprendernos con una sección diferente, en este caso hasta bailable si uno se deja llevar por su ritmo. Quizá la letra que Henry Miller suscribiría al completo sería la de ‘Resolución’, libertaria, hedonista e iconoclasta, tal cual era el escritor estadounidense/apátrida, todo bajo un ritmo ágil y un apartado vocal audaz.

 

Tras una introducción donde podrían pasar por los mejores Accept, en ‘Necesito droga y amor’ colocan a continuación, antes de empezar a cantar, la soberbia melodía instrumental del estribillo, otra excelente idea porque, cuando la repitan, será potenciándola todavía más con la voz de Robe o mientras suena el solo de guitarra. Es la mejor manera de finalizar un álbum que, curiosamente, contiene sus mejores composiciones para abrirlo y cerrarlo. También se ha de señalar que al final de cada canción se pueden escuchar sonidos varios, todos de dudoso gusto, pero con un propósito claramente humorístico. Esta clase de ideas son las que promovían no tomarse en serio a Extremoduro, como si fueran una panda de amigos de cachondeo al estilo de los Mojinos Escozíos. Sin dudarlo, Extremoduro están en otra liga y en otro nivel, con una propuesta de rock autóctono que es un ejemplo de cómo ser genuino.

DELTOYA

Año de publicación: 1992

Puntuación:

1) Sol de invierno; 2) De acero; 3) Última generación; 4) Lucha contigo;

5) Con un latido del reloj; 6) Bulerías de la sangre caliente; 7) Deltoya;

8) Relación convencional; 9) Volando solo; 10) Ama, ama, ama y ensancha el alma;

11) Papel secante; 12) Estado policial.

Por fin consiguieron estabilizarse en el legendario sello discográfico DRO, toda una garantía de futuro para que en Extremoduro pudieran trabajar con tranquilidad y libertad. En este nuevo álbum, nos informan en la contraportada de los beneficios para el cuerpo humano del rock transgresivo, un término que ellos mismos habían acuñado y habían definido con su música. Sin embargo, la grata impresión que habían dejado en Somos unos animales no tuvo una continuación en Deltoya, un título que parece la apócope y unión de la expresión “Del todo ya”. ¿Dónde están la originalidad y la inspiración del anterior disco? Quién sabe…

 

La única canción que recuerda las grandes composiciones contenidas en el álbum previo es ‘Papel secante’, pues posee un deslumbrante solo de guitarra inicial y secciones variadas y diferenciadas, alguna de ellas con esa épica convincente que habían mostrado tan sólo un año antes. Cabe destacar, sobre los tres minutos, un estupendo solo de guitarra inspirado en el funk. Eso sí, nos toca aguantar el inicio con el teléfono sonando; maldita la idea chabacana. Melodías variadas, pero demasiado simples en su mayoría, dejan una mala impresión en ‘Sol de invierno’, a pesar de sus cambios de ritmo y diversas secciones. Como si hubieran querido acercarse a Black Sabbath y se hubieran quedado a medio camino. O bueno, quizá se fijaron en los Black Sabbath de aquellos años, que fueron de los más deplorables de su carrera. Este panorama nada prometedor no cambia cuando llega a continuación otra canción floja como ‘De acero’ y luego empeora con ‘Última generación’, la cual no se sabe si es rockera o circense, pues mezcla ambos estilos sin que encajen de ninguna manera, siendo lo único llamativo los momentos en los que aplican un ritmo típico del pop español de finales de los sesenta, como si se hubieran inspirado en ‘La chatunga’ de Luis Aguilé, por poner un ejemplo chocante.

 

Si seguimos el orden original del álbum, debemos esperar hasta ‘Lucha contigo’ para volver a escuchar algo serio y original, ambos conceptos juntos. Su introducción de guitarra está influenciada por el blues, aunque luego se acelera y se vulgariza un poco, mientras que Robe vuelve a recuperar su esencia, si bien no alcanza la brillantez que nos había ofrecido en el álbum anterior. Canciones como ‘Con un latido de reloj’ no parecen sino relleno fácil, de lo que podríamos encontrar en cualquier grupo de rock duro del montón, con la simple diferencia de la indiscutible voz de Robe. Hay alguna buena idea en la composición, pero queda desaprovechada porque parecen haber retrocedido en vez de avanzar respecto al álbum anterior. Lo único destacable de ‘Bulerías de la sangre caliente’, subtitulada provocativamente como Polla dura no cree en Dios, es podernos encontrar con la singularidad de escuchar melodías de pasodoble (o quizá sean de bulerías, como dice el título) en el lenguaje del rock. Por otro lado, los berreos iniciales de Robe no son la mejor presentación para ‘Ama, ama, ama y ensancha el alma’, que no es un canto al amor sino a la libertad para elegir el camino que uno siente como el correcto, si bien musicalmente no ofrece ningún aliciente.

 

En la canción que da título al álbum adoptan un tono menor, más tétrico y también más pausado, que hacia la mitad cambia hacia una sección más enérgica y bien lograda, para luego empezar a tomar carrerilla y acabar vulgarizándose un poco en su último minuto y medio. Este final mediocre tampoco arruina lo que es uno de los mejores temas del álbum. Lo que Robe llama ‘Relación convencional’ es aquella en la que “Me corto los dedos cada vez que te olvido”, una letra enfundada en forma de rock con melodías amigables de guitarra, aunque los solos son poco inspirados, como tampoco se ve mucha inspiración, en cuanto a composición, en el tema ‘Volando solo’, donde la solución propuesta para los problemas de la vida diaria no es moverse y tener iniciativa, sino dedicarse a las drogas y el sexo para sentirse bien (“Vuelvo a la vida si te abres bien de patas / Átame fuerte que estoy perdiendo la razón / Todas las drogas me dan un poco de calor”), aunque sin dinero es difícil conseguir una de las dos, o incluso ambas. Es una lástima que no se aproveche la participación de Ariel Rot en esta canción, o cuando menos que Rot sólo esté acertado en algunos solos (si es que se trata de él todo el tiempo).

 

Para el final nos dejan un tema que no se sabe bien si tildarlo de canción o de excusa para una pataleta. Viendo cómo se titula, ya sabemos que ‘Estado policial’ no va a tener ninguna relevancia musical, pues se centra en la denuncia de lo que sería una brutal actuación de la policía. Por desgracia, en todos los gremios hay energúmenos que, con sus actuaciones, manchan a todos los que actúan de manera correcta y crean estereotipos negativos. Como canción, ‘Estado policial’ no funciona y parece una mera venganza, quién sabe por qué motivo. En fin, no es más que una manera fea de acabar un disco decepcionante que inicia un período de escasa creatividad (no lírica, sino musical) en la carrera de Extremoduro y que no se acabará hasta la entrada permanente de Uoho en la banda.

¿DÓNDE ESTÁN MIS AMIGOS?

Año de publicación: 1993

Puntuación:

1) El duende del parque; 2) No me calientes que me hundo; 3) Sin Dios ni amo;

4) Pepe Botika; 5) Estoy muy bien; 6) Bribriblibli; 7) Malos pensamientos;

8) Posado en un nenúfar; 9) Islero, shirlero o ladrón; 10) Historias prohibidas;

11) Los tengo todos.

En el tercer álbum de la banda (aunque en realidad era el cuarto, según lo explicado con anterioridad), decidieron cambiar al guitarrista. Viendo el trabajo realizado por este nuevo miembro, se entiende que saliera después del grupo. La guitarra sonará genérica y vulgar en buena parte del álbum, si bien las composiciones tampoco ayudan a realizar un buen trabajo, pues nos encontramos ante el peor disco de la carrera de la banda. Por entonces, parecía que iban a ser una banda más de rock vulgar, con un cantante y letrista que les permitía diferenciarse un poco de sus contemporáneos. Pero poco más. Por suerte, el presente álbum iba a marcar un punto de inflexión hacia un crecimiento cualitativo paulatino pero firme. Contaron aquí con la participación de dos miembros de Reincidentes: su líder, bajista y cantante (Fernando Madina, haciendo aquí coros) y el saxofonista Selu, quien ya estaba fuera de esa banda o a punto de salir.

 

Vuelven a colocar una composición multiparte para iniciar el álbum, en esta ocasión ‘El duende del parque’, una pieza de tono más oscuro de lo habitual, con notables transiciones y cambios de ritmo, cuya única pega es esa especie de estribillo algo infantil: “Afuera de mi casa vendo flores”. Tampoco posee melodías apreciables, por lo cual pierde el impacto de otras composiciones previas. Las limitaciones del nuevo guitarrista pueden apreciarse, por ejemplo, en ‘Sin Dios ni amo’, donde se aprecia un elevado virtuosismo con la guitarra, pero ninguna emoción. Robe tira del carro e incluso le da por hacer algo de rap, pero es un tema discreto donde puede destacarse el bajo de estilo funk. Si buscamos el estribillo más pegadizo del álbum (“Me gustaría mucho más que te lavaras la cara / Sólo las mañanas que te diera la gana”), quizá el único con suficiente gancho, debemos dirigirnos a ‘Estoy muy bien’.

 

Los animados cambios de ritmo de ‘Pepe Botika’ permiten seguir con interés la historia por la cárcel, un lugar donde se hacen contactos que suelen dificultar una reinserción verdadera. En cambio, algo de thrash asoma en la introducción de ‘No me calientes que me hundo’, pero luego entra un saxofón para que la banda se oriente un poco hacia el pop. Eso sí, la letra no es nada pop y sigue ofreciendo la poesía callejera, repleta de recursos estilísticos, tan característica de Robe Iniesta. El estilo thrash, aunque sin demasiada mesura, se lo guardan para el final en ‘Los tengo todos’, estreno en la banda, aún como invitado, de Iñaki Antón, alias Uoho, guitarrista de Platero y Tú. Es esta su primera y olvidable intervención, aun siendo una canción poco afortunada, en la banda en la cual acabaría siendo el guitarrista indiscutible.

 

Lo cierto es que queda rara la entrada de un saxofón en ‘Malos pensamientos’, pero en cualquier caso la canción es una cacofonía con una estructura caótica, ni siquiera se salva por el detalle de que el saxofonista Selu toca también la caña almonteña, la típica en la población onubense de Almonte. El mínimo de calidad exigible para Extremoduro debería ser algo como ‘Posado en un nenúfar’, poseedora de las características propias del estilo de la banda. En el álbum encontraremos varias canciones flojas que no hacen honor a lo que podían dar de sí. De ‘Bribriblibli’ puede salvarse el solo de guitarra y algunos cambios de ritmo, mientras que, por el contrario, en el relleno poco inspirado de ‘Historias prohibidas’ los solos genéricos de guitarra no ayudan en nada. En el caso de ‘Islero, shirlero o ladrón’ podría haber sido la oportunidad de adentrarse en terreno de Van der Graaf Generator, pues sus disonancias y cambios de ritmo son un atrevimiento que, ya puestos, podrían haber exprimido más y, ya de paso, haber elaborado más los pasajes instrumentales, ya que acaban sonando repetitivos. Respecto al título, probablemente no supieran que la palabra sirlero existía en nuestro idioma. Como es obvio, Extremoduro no se iban a dirigir hacia el rock experimental, pero sí debían reflexionar sobre el futuro del grupo y las virtudes que podían permitirles reflotar en el panorama rockero español.

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