CLÁSICOS DEL ROCK 2
ADELE
2026
19
Año de publicación: 2008
Puntuación:
1) Daydreamer; 2) Best For Last; 3) Chasing Pavements; 4) Cold Shoulder; 5) Crazy For You; 6) Melt My Heart To Stone; 7) First Love; 8) Right As Rain; 9) Make You Feel My Love;
10) My Same; 11) Tired; 12) Hometown Glory;
[BONUS TRACKS:] 13) Right As Rain (live); 14) Melt My Heart To Stone (live);
15) My Same (live); 16) That's It, I Quit, I'm Moving On (live); 17) Chasing Pavements (live).

2026
Si uno se fija en la portada, el nombre artístico y el año en que fue publicado este debut, puede pensar de forma errónea que Adele debe ser una de esas cantantes que han salido vencedoras de algún talent show. Pero no, Adele no es uno de esos productos de marketing donde el/la cantante no hace más que poner la voz, la imagen y, si se precia, la coreografía impactante de turno. Adele Adkins compone, canta y toca eventualmente algún instrumento, siempre con unas letras muy personales que reflejan en su mayor parte sus avatares sentimentales, tratados con una madurez superior a lo que deja entrever su edad, que es precisamente la que marca el título del álbum: 19 (años). Así pues, esta británica proviene de la tradición de las cantautoras melódicas, con una asombrosa capacidad vocal provista de un amplio rango y una expresividad singular, a lo cual se une su lúcida descripción de viñetas sentimentales. Todo ello universaliza sus canciones y justifica el gran éxito alcanzado con pocos álbumes en su haber.
Las extraordinarias cualidades vocales de Adele se aprecian nada más escucharle en la relajada y acústica ‘Daydreamer’, una canción que posee también cierto gancho y no parece un mero ejercicio vocal (aun siendo portentoso) como el que muestra también en otros temas como ‘Crazy For You’, una canción melódicamente más discreta, quizá porque también posee una letra típica sobre enamorarse locamente de alguien. Recordemos que las peores letras amorosas de John Lennon son las que iban enfocadas de manera directa a expresar su amor por Yoko Ono. Pero eso no es precisamente lo habitual en Adele, quien sabe expresar de forma sutil sus emociones en baladas de medio tempo y lustroso estribillo como ‘Chasing Pavements’, en este caso reflexionando sobre el desengaño y la frustración que se experimentan cuando las relaciones fallidas se suceden. Demuestra que su juventud también contiene la vitalidad que le corresponde en una canción movida y casi bailable como ‘Cold Shoulder’, que recupera ese tipo de percusión tan británico y propio de la escena discotequera de finales de los ochenta.
El comienzo de ‘My Same’ es como si estuviera cantando con gracia el dolor que está sintiendo tras un golpe, pero junto a su ritmo juguetón quizá pretenda recalcar el tono humorístico con el que aborda su letra de amor incompatible. Más rítmica y pegadiza resulta ‘Tired’, donde se expresa el cansancio por tener que llevar el peso emocional en una relación. Hacia la mitad se transforma por momentos en una solemne pieza de pop-rock orquestal, para luego volver a retomar el mismo ritmo juguetón del principio. Experimenta de manera acertada con los cambios de ritmo en ‘Best For Last’, poseedora de una letra muy cruda con versos como “And though I'm trying my hardest, you go back to her”, mientras que ‘Melt My Heart To Stone’ es de las que van creciendo paulatinamente en intensidad, tanto instrumentalmente como en la voz prodigiosa de Adele. Por otra parte, el peculiar timbre de la celesta en ‘First Love’, tocada por ella, la convierten en una especie de balada nocturna y ‘Righ As Rain’ es un animado y modernizado soul, de tal manera que ambas aportan diversidad estilística al disco.
La balada de piano ‘Make You Feel My Love’ es una versión de una canción de Bob Dylan que, como es lógico, sale beneficiada por esta voz acogedora que acompaña al emotivo piano, bien puenteado después por los vientos. Sin embargo, donde aquel instrumento brilla de verdad es en la canción que cierra el álbum. Tras unos acordes sueltos que poco a poco van cogiendo forma, en ‘Hometown Glory’ llega un emotivo piano reminiscente del mejor Yann Tiersen que salen engrandecidos con la interpretación vocal de la señorita Adkins y un estribillo catártico que ensalza su maestría y la elevan al top ten (¿five?) de las cantantes contemporáneas. Como bonus tracks encontramos una actuación en directo en formato acústico (guitarra o piano), lo que equivale a disfrutar de la voz de Adele en pleno, a pesar de que la instrumentación en general queda un poco pobre para que estuviera a la altura de esta excelsa cantante. Interpreta algunas de las canciones de 19 y ‘That's It, I Quit, I'm Moving On’, que es una versión de Sam Cooke tal como ella misma lo presenta con efusividad, siendo así la oportunidad de interpretar algo movidito y distendido mientras ella emula la excelente modulación vocal que tenía Cooke. Ella puede hacerlo sin ningún problema.
1) Rolling In The Deep; 2) Rumor Has It; 3) Turning Tables; 4) Don't You Remember;
5) Set Fire To The Rain; 6) He Won't Go; 7) Take It All; 8) I'll Be Waiting; 9) One And Only; 10) Lovesong; 11) Someone Like You;
[BONUS TRACKS:] 12) If It Hadn't Been For Love; 13) Hiding My Heart; 14) I Found A Boy.
21
Año de publicación: 2011
Puntuación:

Tras el prometedor debut de Adele, era lógico preguntarse si esa obra significaba ya lo mejor que podía ofrecer como artista o si, por el contrario, era el inicio de una evolución positiva. La respuesta a esa pregunta no pudo ser más contundente, pues 21 representa el cénit de su carrera, al menos respecto a lo que hemos visto hasta 2026. Adele diversifica su sonido en este segundo álbum y mejora sobremanera la estructura y melodías de sus composiciones, si bien se alía con diversos compositores/productores para ello; ahora aparece siempre como coautora, salvo que se trata de una versión. Resulta mucho más sencillo sonar de manera diversa cuando uno trabaja con diferentes productores, lo cual rebaja consecuentemente el mérito individual. Lo que sigue sorprendiendo es la madurez de su sonido y sus letras, con una carga emocional impropia de su edad. Sólo cabe recordar que Madonna ya estaba más cerca de los treinta años cuando empezó y sus versos estrella eran del tipo “You must be my lucky star” o “Like a virgin, touched for the very first time”. Pero claro, Adele pertenece a una liga diferente, es una artista que centra sus energías en la música, no en formar parte de un espectáculo audiovisual.
Para comenzar este excelente álbum, nada mejor que una canción como ‘Rolling In The Deep’, la cual va creciendo paulatinamente mientras se apoya en precisos arreglos instrumentales que van entrando de forma progresiva. Cuando entra la marcada percusión pasados los primeros veinte segundos, sabemos que algo grande va a ocurrir, sobre todo cuando llega el pegadizo puente que anticipa un estribillo sencillo pero que sabe exaltar las cualidades vocales de Adele, potenciadas por unos coros femeninos al estilo de los que empleaba Aretha Franklin. Sin descanso para respirar entramos a continuación en la retumbante percusión de ‘Rumor Has It’, una canción más original en su estribillo porque nadie se esperaría que esta artista recurriera a lo que parece un sampleado de su voz. Sin embargo, eso no le resta un ápice de fortaleza e incluso ese momento de relax que llega transcurridos los dos minutos sirve para valorar todavía más ese potente estribillo. Nadie había dicho que Adele se debía ceñir a la tradición musical. Otra composición magistral y puede que la mejor del álbum en cuanto a progresión y tensión musical es ‘Set Fire To The Rain’, una de esas canciones que sigue creciendo cuando uno ya piensa que ha alcanzado el clímax, toda una descarga emocional donde la señorita Adkins muestra la añoranza por una relación acabada, aun sabiendo que en realidad había sido engañada todo ese tiempo.
Sigue mostrándose ejemplar con baladas de piano como ‘Turning Tables’ o ‘Take It All’, esta última más góspel, aunque la reina de todas es ‘Someone Like You’, una desoladora composición sobre las heridas sentimentales que se reabren o que quizá nunca se curaron. En ella, su emotivo piano y la expresiva voz de Adele llegan a las máximas cotas emocionales posibles, sobre todo en su desgarrador estribillo que refleja una extraña combinación de nostalgia e ira. Precisamente la excepción en este formidable álbum es un estribillo simplón como el de ‘Don't You Remember’, pero al menos el resto de la canción sí que mantiene unos estándares cualitativos sólidos. De hecho, es como si ella misma se hubiera dado cuenta de ese error y en ‘One And Only’ hubiera reescrito ‘Don't You Remember’ con la intención de corregirlo, aunque tampoco se convierte por ello en un tema puntero del álbum. Adopta un ritmo hipnótico de aires jazzísticos en ‘He Won't Go’, apoyando el tema en una excelente batería que realiza deliciosos cambios de ritmo y aporta grandes detalles técnicos que nadie esperaría en un álbum de Adele, pero que todos entendemos como la herencia de grandes nombres anteriores como Nina Simone o Aretha Franklin, es decir, no sólo se trata de una voz envuelta en música, sino que los instrumentos también aportan originalidad y carácter propio. También recupera la mejor acepción del sonido big-band de los setenta en ‘I'll Be Waiting’, empezando, eso sí, con un portentoso piano al estilo de la gran Carole King.
Vuelve a incluir una versión, esta vez una tan inesperada como ‘Lovesong’ de The Cure, saliendo airosa en el intento a pesar de que acaba sonando como si fuera una versión chill-out de las que ponen en las salas de espera, pues elimina los elementos más rockeros de la original. En los bonus tracks encontraremos un par de versiones más, también en modo acústico, tituladas ‘If It Hadn't Been For Love’ y ‘Hiding My Heart’, mientras que ‘I Found A Boy’ es la única canción donde Adele aparece como compositora exclusiva y en su implementación podría estar inspirada en ‘Everybody Hurts’ de REM. La falta de arreglos quizá evidencia la necesidad de trabajar con otros compositores que enriquezcan el resultado final, si bien la excelsa voz de Adele asegura siempre un gran trabajo. En cualquier caso, la unión de estupendas composiciones, arreglos diversos, inteligencia y, por supuesto, unas cualidades vocales por encima de las posibilidades del ser humano, convierten 21 en un álbum que trasciende las barreras del mero pop y la canción ligera.
25
Año de publicación: 2015
Puntuación:
1) Hello; 2) Send My Love (To Your New Lover); 3) I Miss You; 4) When We Were Young;
5) Remedy; 6) Water Under The Bridge; 7) River Lea; 8) Love In The Dark;
9) Million Years Ago; 10) All I Ask; 11) Sweetest Devotion;
[BONUS TRACKS:] 12) Can't Let Go; 13) Lay Me Down; 14) Why Do You Love Me.

En los cuatro años que transcurrieron desde el álbum anterior, se pueden destacar dos puntos importantes en la vida de Adele. El menos importante de los dos es que fue designada para escribir y cantar el tema principal de la nueva película de la saga de James Bond, Skyfall, la primera de las dos que dirigió Sam Mendes. El suceso más importante fue el nacimiento de su hijo, lo cual le obligó a poner en pausa su carrera, pero tampoco demasiado tiempo. Para el retorno, la fórmula fue la misma, esto es, unirse a diversos productores para componer y, así mismo, diversificar su sonido. Algunos repiten del álbum anterior y hay otros nuevos, mientras que las letras siguen siendo las impresiones personales de la señora Adkins sobre la temática amorosa, en especial de los recuerdos nostálgicos y los desengaños amorosos. Curiosamente, e igual que ocurría en 21, la amplia nómina de colaboradores no desvirtúa la música, pues la voz de Adele sigue siendo el elemento inconfundible, definitorio y lo que marca la pauta de la música.
Empieza el álbum por todo lo alto, manteniendo el mismo excelso nivel con el que había sorprendido al mundo con su obra previa. ‘Hello’ es una de esas canciones que va creciendo en intensidad y cuando llega su emocionante estribillo, casi que nos pilla desprevenido por el despliegue de cualidades vocales que desprende. A partir de ahí, sólo queda caer subyugados por el encanto y la ambientación intimista que invita a unirse a la nueva confesión sentimental de Adele y volver a emocionarnos con cada vuelta del poderoso estribillo. Por desgracia, el resto del álbum no llega a los mismos niveles de excelencia. Se ha de reconocer que siempre resulta difícil salir airoso en una balada de piano porque, como es obvio, los elementos empleados (voz y piano) son mínimos. Adele tiene su poderosa voz, pero eso tampoco es suficiente para que sobresalgan canciones como ‘All I Ask’, en la cual se ha de reconocer su enorme técnica vocal, si bien hubiera requerido de melodías más llamativas donde apoyarse. Por el contrario, cuando encontramos una melodía de piano reconocible y atrayente como la que introduce ‘Remedy’, el efecto cautivador es inmediato.
Como siempre, Adele incluye canciones más rítmicas para compensar con las baladas y aquí tenemos un primer ejemplo con ‘Send My Love (To Your New Lover)’, contenida en sus estrofas y desarrollado su estribillo bajo un ritmo de reggae sencillo, aunque no se pierde el gancho por ello. A pesar de su marcado ritmo, ‘I Miss You’ o ‘Water Under The Bridge’ dejan más bien indiferente al oyente por su carencia de melodías originales y atractivas. Es decir, que poseen más ruido que sustancia, aunque se pueden escuchar con agrado. Por suerte, vuelve a ofrecernos en ‘River Lea’ una de esas composiciones que van creciendo en intensidad hasta llegar a un estribillo vistoso, aunque también nos toparemos con otras baladas agradables pero discretas, como ‘When We Were Young’ o ‘Love In The Dark’.
A pesar de dotar a la guitarra y los coros de aires renacentistas, la balada lacrimógena ‘Million Years Ago’ no resulta convincente y eso sí es un problema para Adele, mientras que en ‘Sweetest Devotion’ se limita a copiar el estilo de country-pop típico que llena las ondas radiofónicas desde los ochenta, sobre todo las anglosajonas. Respecto al contenido adicional, bien se lo podrían haber ahorrado, pues son composiciones muy flojas donde de nada sirve que nos vuelva a demostrar que puede alcanzar la voz tiple si quiere. Así, no se puede salvar ni la vulgar balada de piano ‘Can't Let Go’, ni tampoco ‘Lay Me Down’ y ‘Why Do You Love Me’, donde el estribillo acaba cansando ya en la primera escucha y eso es un lastre insalvable. En resumen, el tercer álbum es un tanto decepcionante respecto a lo que había demostrado Adele con anterioridad.
30
Año de publicación: 2021
Puntuación:
1) Strangers By Nature; 2) Easy On Me; 3) My Little Love; 4) Cry Your Heart Out;
5) Oh My God; 6) Can I Get It; 7) I Drink Wine; 8) All Night Parking;
9) Woman Like Me; 10) Hold On; 11) To Be Loved; 12) Love Is A Game.

Adele siempre ha encontrado una inspiración esencial en los sucesos de su vida. Seis años desde el anterior álbum era un lapso suficiente para que los avatares de la vida le hubieran traído nuevas experiencias y transformarlas en letras. ¿Y qué le puede pasar a una mujer que se ha casado y ha tenido un hijo? Pues, por ejemplo, un divorcio, que es lo que vivió Adele en estos años. Así pues, con vivencias que contar y manteniendo el mismo sistema de trabajo, es decir, asociarse con productores que formen la música para sus canciones, volvió a los estudios de grabación para realizar su autoterapia musical. Algunos de los productores son los mismos de 25, quienes no eran, por desgracia, los de 21, la verdadera joya que ha legado Adele para la posteridad. Lo que llama la atención en este álbum es que casi la mitad de las canciones sobrepasa los seis minutos de duración, algo que puede entenderse en grupos con pericia instrumental o cantautores de poesía ilimitada como Bob Dylan, pero no parece que la británica encaje en ninguna de esas dos opciones.
En cualquier caso, para marcar el terreno y que nos demos cuenta de que la cantante sigue en plena forma, si acaso mejorada en su técnica y habilidad, en primer lugar escuchamos el alarde vocal de ‘Strangers By Nature’, una pieza orquestal y clasicista para mayor gloria de la británica. Un atractivo piano y su voz emotiva son ingredientes básicos y esenciales en su música, lo cual, junto a un estribillo de primera clase, convierten a ‘Easy On Me’ en otro de los grandes temas del cancionero de Adele. En cambio, unos coros etéreos, como si fueran de una canción de la Björk tardía, inician ‘My Little Love’, que es el homenaje que se da Adele a sí misma y a su hijo. Este tipo de homenajes suelen ser antimusicales y aquí no lo es menos, aunque aparezcan dosificados durante la primera mitad para que sea mínimamente sostenible, pero la segunda mitad del tema (de un tema que dura seis minutos y medio en total) se vuelve insufrible. No es casualidad que aparezca justo a continuación del mejor tema del álbum, para ver si así se tolera mejor esta ocurrencia.
Es significativo que volvamos a encontrarnos composiciones con el piano como instrumento casi único o directamente como el único acompañamiento, que es el caso de ‘To Be Loved’, donde, aparte, no convencen los gritos finales. Será muy alto el registro al que llega la voz, pero suena forzado y exagerado, como nunca lo habíamos sentido en una canción de Adele. Esta canción y la de ‘My Little Love’ sería para hacer saltar las alarmas, pero por suerte el resto del álbum nos muestra a una cantante en plenitud de técnica vocal. La instrumentación a veces es bastante mejorable, como el piano simplón que acompaña durante la primera mitad de ‘Hold On’, un tema donde la voz es precisamente lo único salvable. Tampoco convence el relleno sin mucha gracia de ‘I Drink Wine’ ni el de ‘All Night Parking’, esta última una pieza de piano de un músico de jazz del siglo XX a la que Adele coloca una letra de amor poco original y así ya puede ocupar más espacio en su disco. Más aceptable resulta cuando se pone muy seria en ‘Woman Like Me’ para desahogarse con su ex, recriminando su mala actitud y así no cargar con una culpa que no le corresponde. En el tono menor de la instrumentación, lo único destacable es su percusión nada trivial y casi jazzística, si bien le faltaría una mayor velocidad y alguna variación más de ritmo.
No puede fallar cuando recoge el espíritu de Aretha Franklin en ‘Cry Your Heart Out’, pues hace honor al legado del que ha bebido Adele. De igual manera que sabe sonar más clásica en su sonido, se muestra más moderna en ‘Oh My God’, con una forma de cantar bombástica, al estilo de los cantantes y grupos de moda (por ejemplo, Imagine Dragons). Por suerte, los autores saben dotar a la canción de diversidad melódica y crean al final un excelente clímax aunando la voz de Adele con un juego coral, en una letra en la que resalta sus ganas de pasarlo bien tras su separación. Por el contrario, como si fuera la introducción de una canción de Oasis, en ‘Can I Get It’ la guitarra acústica y una voz que transmite cierta animadversión son engañosos, pues luego la canción se desliza hacia un trip-hop algo vulgar. Quizá como declaración final de intenciones, de que quería hacer un disco normal que agradara a sus seguidores y al público medio, nos encontramos la balada orquestal ‘Love Is A Game’, interpretada en un estilo de crooner de los sesenta. Tras este álbum, Adele se acabó instalando en Las Vegas como artista residente, un gesto que históricamente ha significado un declive artístico (respecto a la creación) para quienes han acabado allí.