QUICKSILVER MESSENGER SERVICE
2026
QUICKSILVER MESSENGER SERVICE
Año de publicación: 1968
Puntuación:
1) Pride Of Man; 2) Light Your Windows; 3) Dino's Song; 4) Gold And Silver;
5) It's Been Too Long; 6) The Fool.

2026
Para cuando grabaron su álbum de debut, los Quicksilver Messenger Service (QMS) ya llevaban un par de años siendo un grupo eminente en la escena musical de San Francisco y habían participado con éxito en el histórico Festival de Monterrey de 1967, pero esos años no habían sido precisamente una balsa de aceite. Uno de los que promovieron su formación, Dino Valenti, había sido ingresado en prisión porque la policía encontró en su casa marihuana y anfetaminas, y aparte habrá cambios continuos en la banda que se irán sucediendo a lo largo de su existencia. En este debut aparecen conformados en forma de cuarteto (dos guitarras, bajo y batería) que se mantendrá hasta la llegada del gran pianista Nicky Hopkins.
Ese sabor característico del sonido de San Francisco lo podemos paladear desde que empieza a sonar ‘Pride Of Man’, con sus peculiares punteos de guitarra y los coros psicodélicos que los convierten en un grupo relevante de la escena musical del momento. Es curioso que lleguen a emplear trompetas, pero lo hacen acertadamente para enfatizar el incremento de tensión que sucede conforme avanza el tema. En ‘Light Your Windows’ aúnan varios registros y cambios de ritmo, denotando el incipiente talento del grupo, mientras que se inspiran en ‘Needles And Pins’ de The Searchers para la amigable ‘It's Been Too Long’. Resulta curioso que ‘Dino's Song’ sea una composición del futuro miembro de la banda Dino Valenti, por entonces en la cárcel, y se convierta así en toda una premonición de que sus emocionantes melodías se adaptan a la perfección al estilo de QMS.
Es una lástima que en la instrumental ‘Gold And Silver’ acaben divagando tanto, pues por sus primeros minutos sería candidata a mejor composición instrumental de San Francisco. A pesar de sonar algo amateur la interpretación, sólo hay que fijarse en la memorable melodía principal que toca la guitarra, de regusto clásico y elaborada presentación, lo cual provoca adicción para volver a escucharla repetidamente. Por medio encontraremos una improvisación con la guitarra en primer plano, pero Cipollina todavía no ha adquirido la maestría suficiente para que sus solos se conviertan en un manifiesto artístico o personal, así que se acaba perdiendo el interés hasta que retoman la memorable parte principal. En ese sentido, la multiparte ‘The Fool’ no acaba de convencer porque ninguna de sus secciones consigue seducir al oyente, a pesar de que algunas sí vale la pena escucharlas, como la sección cantada que aparece transcurridos los siete primeros minutos. Pero son doce minutos que suenan difusos en muchos momentos. En cualquier caso, se trata de un álbum de debut que dejaba muy buenas sensaciones.
HAPPY TRAILS
Año de publicación: 1969
Puntuación:
1) Who Do You Love – Part 1; 2) When You Love; 3) Where You Love;
4) How You Love; 5) Which Do You Love; 6) Who Do You Love – Part 2; 7) Mona;
8) Maiden Of The Cancer Moon; 9) Calvary; 10) Happy Trails.

Llegamos aquí a uno de esos álbumes controvertidos en la historia de la música rock, puesto que su fama como álbum de culto no se corresponde con el nivel cualitativo expuesto. Visto desde la perspectiva del tiempo, es un producto de su tiempo que ha quedado completamente desfasado. Lo más curioso es que casi todo el contenido fue grabado en directo, concretamente en sendos conciertos acaecidos en el Fillmore East, que estaba en Nueva York, y el Fillmore West, ubicado en San Francisco. Dos salas míticas de conciertos. La mitad de la obra se corresponde con una reinvención del ‘Who Do You Love?’ de Bo Diddley, publicada en 1956 y convertida aquí en una suite experimental de veinticinco minutos donde la composición de Diddley es la excusa para que la banda se deje llevar por las improvisaciones lisérgicas típicas de la época, si bien para 1969 esto era una opción que había quedado muy abandonada. Sin embargo, parece que algunos grupos de San Francisco todavía seguían encapsulados en la psicodelia, pues 1969 es también el año del Aoxomoxoa de Grateful Dead, aunque estos pronto se desprenderían de toda esa carga para dirigirse a la tradición musical.
Así pues, los seis primeros cortes forman parte de la suite interpretada en directo (incluso oiremos palmas en algunos momentos) donde el grupo aprovecha para improvisar sin mesura. Se entiende que la primera parte del ‘Who Do You Love?’ entusiasmara en su época porque es una perfecta asimilación del estilo de Bo Diddley al sonido de San Francisco, donde la banda se muestra animada y a gusto con la versión, explorando su vertiente más R&B sin perder la esencia de su sonido. Pero luego cambia el panorama por completo cuando pretenden convertir la canción en una pieza de arte musical. Hay algún momento en el que ‘When You Love’ comienza a desvariar y se dirige hacia inanes secciones instrumentales, algo así parecido a lo que le ocurría a ‘Interstellar Overdrive’ de Pink Floyd. La diferencia es que esta última contenía un riff original y avasallador, mientras que ‘When You Love’ sólo ofrece unos dos minutos presentables, sin nada que capte la atención. Por si fuera poco, lo que llega a continuación es mucho peor, pues ‘Where You Love’ es incluso atonal. Es cuando aparece ‘How You Love’ que podemos respirar aliviados por unos minutos, ya que vuelve por fin el ritmo enérgico de Diddley, si bien a continuación llega ‘Which Do You Love’ para volver a sumergirnos en un soporífero pasaje que, en vez de volver a despegar, se va desvaneciendo con extremada lentitud. Por último, el retorno del ‘Who Do You Love?’ inicial no arranca hasta su segunda mitad, aunque más vale tarde que nunca.
No nos dejamos a Diddley de lado todavía porque conforme acaba esta extensa suite nos topamos con una interpretación en directo de ‘Mona’, ralentizada sin explicación razonable a pesar de que eso permite que centremos nuestra atención en el duelo de guitarras de Cipollina y Duncan. Justo a continuación, en ‘Maiden Of The Cancer Moon’ parece que vayamos a caer en una nueva experimentación sin fundamente, pero afortunadamente nos ofrecen otra demostración de guitarras compenetradas, con un sonido que bien podría pasar por el de los primeros Pink Floyd. Sin embargo, no nos salvaremos de recaer nuevamente en la pretenciosidad más insustancial en la extensa ‘Calvary’, donde lo único salvable llega cerca de los cinco minutos, cuando nos adentramos en un pasaje más propio de las bandas sonoras para westerns de Ennio Morricone. Por lo demás, es para olvidar. Curiosamente, el título del álbum no hace referencia a la pieza más larga (la suite), sino a la más corta, que es la versión de un tema clásico de country que popularizó una estrella de los rodeos y los westerns. De ahí también la portada elegida. Pero la canción queda ridícula o, cuando menos, debe tomarse como una broma. Pero los experimentos fallidos que asolan este álbum no son ninguna broma y por ello la reputación de la banda ha quedado arruinada. Si Happy Trails es lo que se destaca generalmente como lo mejor de QMS, eso lo mismo que cerrar la puerta a indagar más sobre ellos. No caigamos en ese error y disfrutemos de lo verdaderamente bueno de este grupo.
SHADY GROVE
Año de publicación: 1969
Puntuación:
1) Shady Grove; 2) Flute Song; 3) 3 Or 4 Feet From Home; 4) Too Far;
5) Holy Moly; 6) Joseph's Coat; 7) Flashing Lonesome; 8) Words Can't Say;
9) Edward, The Mad Shirt Grinder.

Llegamos aquí al salto cualitativo en la trayectoria de Quicksilver Messenger Service, el cual fue debido a la incorporación a la banda del gran teclista Nicky Hopkins, quien ya había tocado, entre otros, con The Who, The Kinks y The Rolling Stones. Ahí es nada. Hopkins no parecía el músico más indicado para una banda psicodélica de San Francisco, de igual manera que otro excelente teclista como Tim Cross no pareció el idóneo para un grupo punk como The Adverts, sobre todo cuando uno lo ha visto tocando con Mike Oldfield. Pero no nos desviemos con comparaciones, pues Nicky Hopkins venía de tocar con los Jefferson Airplane (en el álbum Volunteers) y por ello ya era conocedor del panorama musical de una ciudad tan ajena en apariencia al carácter inglés del excelso teclista. El caso es que se había marchado temporalmente de QMS el guitarrista, cantante y compositor Gary Duncan, lo cual a priori significaba una baja muy sensible. El aspecto positivo de la banda es que no tenían problemas para componer material original y disponían de otro notable guitarrista como John Cipollina, por lo cual la pérdida del juego de guitarras que suponía prescindir de una de ellas se compensó sobradamente con la llegada de un extraordinario teclista como Hopkins.
Musicalmente hablando, la evolución de los QMS es evidente nada más empezar a sonar el disco. Como si estuviéramos en los créditos iniciales de una película de terror, la introducción de ‘Shady Grove’, con su tintineante piano y potentes acordes sueltos de guitarra, crean una sensación de angustia y tenebrosidad que seguro que sirvió de lección para los Alice Cooper más exitosos. Transcurridos los primeros cuarenta segundos, salimos de esa inquietud para entrar en un vibrante rock de ecos psicodélicos y deslumbrante piano honky-tonk. Como vemos, es toda una excitante e imprevisible mezcla que, en conjunto, supone un verdadero salto cualitativo respecto a lo que había ofrecido la banda hasta ese momento. En cambio, ‘3 Or 4 Feet From Home’ es un blues-rock que esperaríamos más bien de otros grupos como Canned Heat, de igual manera que ‘Too Far’ podría pertenecer a los Byrds más discretos de su última etapa y ‘Words Can't Say’ al Sweetheart Of The Rodeo de estos últimos, pero, esta vez sí, estaría entre lo mejor del citado álbum, pues sus cuidadas melodías vocales y los destellos instrumentales que van dejando caer, incluido un inesperado violín, están a la altura de los mejores Byrds (o sea, de los Byrds en modo country).
En cualquier caso, Quicksilver Messenger Service no son una banda que se limite a copiar o emular a otros, sino que también contribuyen a establecer estilos. De hecho, ‘Too Far’ podría tomarse como precursora de los futuros Faces, ese sonido anclado en la tradición pero emulsionado con el ímpetu y el entusiasmo juvenil. Incluso se escucha un emocionante banjo en algunos momentos. Aunque, eso sí, acaban alargando en exceso el final de la canción como a veces les ocurrirá a los Faces. Vuelve la psicodelia bien entendida, o más bien lo que quedaba de ella, en la inquietante ‘Joseph's Coat’, composición encumbrada por una descomunal sección instrumental donde recrean una solemne atmósfera medieval gracias a unos coros renacentistas y un memorable piano de Hopkins, aparte de algunos efectos más cuestionables. También puede crear expectativas de música clásica el título de ‘Flute Song’, pero al final ni hay mucha relación con la música clásica ni apenas se aprecia la flauta, sino que es el piano de Hopkins el verdadero motor de esta balada y lo que la dota de un nivel cualitativo por encima de la media.
Por otra parte, la balada ‘Flashing Lonesome’ es igual de larga, insulsa y tediosa que las peores baladas de esa época de sus paisanos los Grateful Dead. Justo en el polo contrario, la extensa pieza final, el instrumental ‘Edward, The Mad Shirt Grinder’, puede tomarse como la primera y gran incursión de un grupo de San Francisco en el incipiente rock progresivo. Observando con atención los créditos, nos damos cuenta de quién es el verdadero artífice de la evolución de los QMS, pues el único autor es Nicky Hopkins y por ello se trata de todo un portento de composición ideada por un músico que había estado siempre en el estudio a la sombra de los grandes nombres del rock. Es Nicky el creador y la estrella de esta pieza, liderando la composición con vibrantes partes de piano que engrandecen el sonido y lo elevan de categoría, pues el grupo se desenvuelve con naturalidad por diferentes registros: rock, blues, clásica… Todo aparece conjuntado y repleto de brillantes pasajes en los cuales el grupo se muestra cohesionado y con la confianza suficiente para albergar mucha esperanza en el futuro próximo, si es que esta última pieza significaba también la apertura de un nuevo camino a seguir.